martes, junio 29, 2004
Es un personaje sombrío, pero con luz propia, que desplega sus alas de una manera no muy bien vista por el grueso de la gente, que suele juzgarlo y condenarlo sin pruebas, sólo porque la mitología o la costumbre los enjaulan a ellos y necesitan derivar esa limitación en alguien. Y lo escogen, entonces, porque su capacidad de volar, de nadar, de cavar, de destruir horizontes les resulta tan agresiva para su celda que no pueden menos que tirarle palabras aguzadas con resentimiento. Entonces es él quien sufre, porque el dolor tiene doble filo, y su corazón queda ajado, trémulo de horror, y su experiencia se ve manchada de paranoia y dualismo. Para entonces ya va por la mitad de la caída y no tiene otra opción que esperar el golpe, puesto que las alas no responden: están laceradas por el hosco berrinche del rebaño amaestrado. Y ahí, en ese momento, es cuando da a luz al criminal, que escapa del plano fantástico, traspasa el limbo de la duda y llega con una fuerza huracanada para tomar el control de la situación. No se puede expulsar. Procede primero con un poco de respeto, pero a los pocos segundos este se desvanece y da lugar al contraatque, a la obra maestra de la venganza inconsciente. El asesinato es múltiple, interno y externo, y más allá. Porque la primera muerte es la suya, y luego viene el resto, resto que no sólo es absolutista, ya que a veces se conforma con sólo un homicidio parcial. El asunto es quebrar la libertad, hacerla trizas, mutilarla y escupirla, humillarla con todo el peso del odio abstracto por excelencia. Su vandalismo es total, porque a él lo apearon a la fuerza de su unicornio, y eso justifica la crueldad como ninguna otra razón.
lunes, junio 28, 2004
No sé si las sombras están predispuestas a tapar todo lo que va quedando del pasado, pero hay cosas que no puedo determinar y necesito hacer un rescate de diferentes sensaciones para armar el rompecabezas que es mi voluntad en este momento. Tengo ganas de continuar y de detenerme, de encontrar la solución pero sin reflexionar. Voy por una mente en blanco, ese quizás sea el objetivo, y no quiero analizarlo. Paz y quietud, y un hada verde: quizás la solución, quizás sólo una prórroga de la indiferencia astuta e inquieta, solitaria y voraz que me persigue y me atropella, me supera y ahorca el tiempo, la esencia y el bienestar. Lo malo no es tan malo cuando lo bueno está a la vista, pero si esto desaparece con la llegada del terror, la situación se transforma en una vorágine letal que consume el poco claro que aun flota en los fibrosos interiores de algún lugar escondido, refugio de ideas altas y sueños profundos, limpios y astrales.
viernes, junio 25, 2004
Es el queso y es la trampa, todo junto, en una sofisticada forma de atravesar los campos del deseo. Es la manzana y babel, y la primera piedra. Porque todo lo que se niega, al final termina generando peligro cósmico, desde la planta hasta las estrellas, todo tiene su naturaleza, su uso, su vigor inexorable, su capacidad de ayuda y de destrucción, y nadie debería juzgarlos. Si la más que sabia natura no tuvo voluntad de desaparecer del universo ese extraño ente ¿qué clase de divinidad se cree el hombre gubernamental para ataviar de represión a la utilización de aquel?
Es repugnante saberse miembro de una comunidad colonizadora, represiva, obsesiva, pacata, soberbia e hipócrita, porque esos mismos semidioses castigadores son los principales comerciantes, beneficiados más por sus mandamientos gendarmes, obtusos como una tijera para castrar. Y no sólo atacan, sino que también consumen. Son sus propios criminales de turno, pero con el carnet de la pléyade que le cuelga del bolsillo de su saquito almidonado. ¡Ay, la humanidad! Que chusca representación de la contradicción dañina por excelencia. Un claro ejemplo sobre los efectos secundarios del poder letal y sus allegados. La hipocresía de la hipocresía. Rara avis in terre es quien escapa a estos cánones. Y espero poder leer esto en algún momento del futuro medio y no sentir vergüenza o remordimiento. ¡Abur!
Es repugnante saberse miembro de una comunidad colonizadora, represiva, obsesiva, pacata, soberbia e hipócrita, porque esos mismos semidioses castigadores son los principales comerciantes, beneficiados más por sus mandamientos gendarmes, obtusos como una tijera para castrar. Y no sólo atacan, sino que también consumen. Son sus propios criminales de turno, pero con el carnet de la pléyade que le cuelga del bolsillo de su saquito almidonado. ¡Ay, la humanidad! Que chusca representación de la contradicción dañina por excelencia. Un claro ejemplo sobre los efectos secundarios del poder letal y sus allegados. La hipocresía de la hipocresía. Rara avis in terre es quien escapa a estos cánones. Y espero poder leer esto en algún momento del futuro medio y no sentir vergüenza o remordimiento. ¡Abur!
martes, junio 15, 2004
El cierzo es agresivo, y no duda en ahuecar la moral ni todo lo demás. Quiere colonizar mi alma, y eso no puedo aguantarlo, o quizás sí puedo, pero no lo quiero. No, no y no. Nunca me dejé invadir por la rigidez, y no pienso empezar ahora. Qué más da, hay cosas que son y serán siempre, entonces la única solución es apartarse de esa ráfaga helada y buscar un poco de suavidad. Así, con esta insurreción almada (y no armada), es como quizás se encuentre el hoy-en-día inexistente equilibrio, esa convivencia simbiótica, pacífica, pseudo ácrata, yendo de la mano libertad y libertinaje, procreando la postal de todo lo que nunca tocó el hombre y con tanta armonía creció. Y que la raza se dé cuenta de que el verde no nació en los dólares.
Bueno... para romper un poco con los bostezos me cargo una letra de esta pequeña gran banda que hace furor en mi cabeza últimamente. El tema se llama "Babel", y pertenece a Heroes del Silencio:
Alguien jodió las calles
con prohibiciones de higiene mental.
Quién separó los colores
fabricó las casillas que has de ocupar.
Babel dividió el planeta
enterró en sus mazmorras el nervio del sur.
Aquel que cerró las puertas
levantando muros que no saltes tú.
Alguien tomó en sus manos
las manos de todos, confirmó su ley.
Quién enseñó la doctrina:
Sabiduría que no nos quita la sed.
Babel plantó banderas
cantó los himnos en distintas lenguas
aquél que nos da trabajo
y vino agrio que nos entretenga.
Babel olvidó que el hombre
es el lobo del hombre que le va a devorar,
y ya no espera otra cosa
que te vayas con otra para no regresar.
Alguien jodió las calles
con prohibiciones de higiene mental.
Quién separó los colores
fabricó las casillas que has de ocupar.
Babel dividió el planeta
enterró en sus mazmorras el nervio del sur.
Aquel que cerró las puertas
levantando muros que no saltes tú.
Alguien tomó en sus manos
las manos de todos, confirmó su ley.
Quién enseñó la doctrina:
Sabiduría que no nos quita la sed.
Babel plantó banderas
cantó los himnos en distintas lenguas
aquél que nos da trabajo
y vino agrio que nos entretenga.
Babel olvidó que el hombre
es el lobo del hombre que le va a devorar,
y ya no espera otra cosa
que te vayas con otra para no regresar.
miércoles, junio 09, 2004
Se abrió un abismo pequeño
entre esto y lo demás
que derribó el antifaz,
asumiendo la calma
el reinado del alma
y de su propio dueño.
Pues la ínfima distancia
se tornaba insalvable
para el cielo de cables
para el mar de cemento
con pobre conocimiento
y atropelladas ansias.
Pero el caso les ayuda
porque responde a un final
un límite temporal
que equilibra su poder
y hace desaparecer
el abismo que te escuda.
entre esto y lo demás
que derribó el antifaz,
asumiendo la calma
el reinado del alma
y de su propio dueño.
Pues la ínfima distancia
se tornaba insalvable
para el cielo de cables
para el mar de cemento
con pobre conocimiento
y atropelladas ansias.
Pero el caso les ayuda
porque responde a un final
un límite temporal
que equilibra su poder
y hace desaparecer
el abismo que te escuda.
martes, junio 08, 2004
Perdimos la fe una vez, y otra, y otra, y otra más. Y entonces dejamos de buscarla, total... ¿para qué? Pero, como buena ley vital, bastó dejar de buscarla para que ella solita (cambiada, completamente mutada) se acercara, con la cabeza gacha, pidiendo permiso para arraigarse nuevamente a nosotros. Y la acogimos con el máximo fervor, claro está. Y qué bueno que a cada rato lluevan gotas de confirmación, que rieguen este campo hipotético para hacer crecer la certidumbre de que todo está realmente bien, de que todo sigue igual, de que ahora no es como antes: ES MEJOR.
Y para esas nubes que tiran flores desde un lugar oculto, mis más cojonudos agradecimientos. Los amo. Las amo. Que sea así, que haya paz, que haya amor. Si hay que revelarse a algo, es al malestar inerte, fláccido, estéril. Porque hay malestares que enseñan, malestares que inspiran. Pero existe uno cuya única actividad es el parasitismo. Y eso no rinde. Vamos a tratar de querer lo poco que queda de todo lo que soñamos, y que de esas briznas surja la renovación del espectáculo.
Y para esas nubes que tiran flores desde un lugar oculto, mis más cojonudos agradecimientos. Los amo. Las amo. Que sea así, que haya paz, que haya amor. Si hay que revelarse a algo, es al malestar inerte, fláccido, estéril. Porque hay malestares que enseñan, malestares que inspiran. Pero existe uno cuya única actividad es el parasitismo. Y eso no rinde. Vamos a tratar de querer lo poco que queda de todo lo que soñamos, y que de esas briznas surja la renovación del espectáculo.
jueves, junio 03, 2004
El oficio de distinguir no es el mío. El oficio de decretar, menos. No fu hecho Dios, no tengo ganas entonces de determinar. O puede que sí, pero no de este modo. No quiero autoridad, sólo un poco de atención para que el lugar nos sea común y no quede sólo en manos de quienes peor manejan la situación. Mi deseo es sencillo: quiero molestar, no guiar. Quiero una revuelta, pero no en base a mis ideales, sino a mi paz, a la paz. O quizás esa paz sea un ideal en sí. Pero ¡joder! Que no quiero un mundo a mis pies ni a mi medida, sólo pretendo tener mi jardín y que nadie orine en él (al menos no sin mi consentimiento), ni yo orinar en el de nadie.
El dueño del bien juega muy mal
robando a los ladrones
para comprar su moral
asesinando sicarios
por unos pocos doblones
que perderá al apostar.
El dueño del mal juega muy bien
alimentando la pobreza
que ni siquiera es tan pobre
pero sí más espesa
que las ideas del hombre
y su impúdico ser.
Y el dueño del mal
y el dueño del bien
se reparten las cartas
para saber quien
a traves de sus trampas
se quedará con la ley.
robando a los ladrones
para comprar su moral
asesinando sicarios
por unos pocos doblones
que perderá al apostar.
El dueño del mal juega muy bien
alimentando la pobreza
que ni siquiera es tan pobre
pero sí más espesa
que las ideas del hombre
y su impúdico ser.
Y el dueño del mal
y el dueño del bien
se reparten las cartas
para saber quien
a traves de sus trampas
se quedará con la ley.
domingo, mayo 30, 2004
Las persianas completamente bajas, la circulación al bajo nivel que es norma en esos momentos, pero la psicodínamo frenética, en busca de cosas y casos que nada tienen que ver con todo esto, y menos con aquello, ni hablar con lo de más allá. La luz todavía está encendida, la calma es extraña, algo áspera. No. Más bien es rugosa, como la corteza de un árbol. Y, entonces, la voz. Sí, una voz. Una voz fugaz, repentina, relámpago sonoro y shock: todo se conmueve e instantaneamente emprendo una búsqueda del origen de ese ruido bien definido, pero es inútil.
La tranquilidad ahora se transforma en un mar picado, haciendo remolinos por doquier, bramando por el eco que desestabilizó todo. En un segundo la tensión baja, y se repite la voz, pero con otras palabras. Nuevamente el descontrol, el pandemonium mental. Y otra vez la calma. Y otra vez la voz. Pero ahora, más frío, voy en busca del equilibrio que me permita mantener una coherencia, una seguidilla de palabras, hasta quizás una conversación.
Fue arduo, pero parece que ese yin-yang psicológico ha sido alcanzado, y la conversación va remontando vuelo... y entonces el sueño se lleva a dar una vuelta a mi consciente, dejándolo atragantado de curiosidad. ¿Qué me habrá dicho?
La tranquilidad ahora se transforma en un mar picado, haciendo remolinos por doquier, bramando por el eco que desestabilizó todo. En un segundo la tensión baja, y se repite la voz, pero con otras palabras. Nuevamente el descontrol, el pandemonium mental. Y otra vez la calma. Y otra vez la voz. Pero ahora, más frío, voy en busca del equilibrio que me permita mantener una coherencia, una seguidilla de palabras, hasta quizás una conversación.
Fue arduo, pero parece que ese yin-yang psicológico ha sido alcanzado, y la conversación va remontando vuelo... y entonces el sueño se lleva a dar una vuelta a mi consciente, dejándolo atragantado de curiosidad. ¿Qué me habrá dicho?
viernes, mayo 28, 2004
En la ignorancia hay tranquilidad, porque sólo se puede odiar y sufrir por lo conocido. En cambio, en lo ignoto se posa la esperanza, la chispa que puede encender todo el fuego. Entonces, quizás podría poner un aviso en el diario que orara, masomenos, así: Cambio escasa sabiduría por prominente ignorancia, pago diferencia, no ofrezco garantías ni devoluciones.
Es como aprender a leer: Cuando uno pasaba por un letrero sin saber leer, era divertido ver los símbolos como dibujos sin sentido, buscándoles el significado, la forma, la expresión, y que estos cambiaran con nuestra perspectiva del momento. Pero una vez que se aprende, el significado, la forma y la expresión se vuelven invariables, irrevocablemente invariables, y ya nunca volveremos a ver una letra sin pensar en su nombre, su sonido, su pronunciación. Por eso propongo una campaña de ignorancia sabia y creativa, es como una anarquía del conocimiento. Que los valores sean sólo valores variables, y que la única verdad se concentre en cultivar el propio jardín sin orinar en el ajeno, a menos que esto sea de común acuerdo, por supuesto.
Es como aprender a leer: Cuando uno pasaba por un letrero sin saber leer, era divertido ver los símbolos como dibujos sin sentido, buscándoles el significado, la forma, la expresión, y que estos cambiaran con nuestra perspectiva del momento. Pero una vez que se aprende, el significado, la forma y la expresión se vuelven invariables, irrevocablemente invariables, y ya nunca volveremos a ver una letra sin pensar en su nombre, su sonido, su pronunciación. Por eso propongo una campaña de ignorancia sabia y creativa, es como una anarquía del conocimiento. Que los valores sean sólo valores variables, y que la única verdad se concentre en cultivar el propio jardín sin orinar en el ajeno, a menos que esto sea de común acuerdo, por supuesto.
Brilla el sol contra la pared transparente que le devuelve gentilezas y me acaricia. Del otro lado, el resto. Y acá, acá adentro, una interminable bataola de fuegos, mares, prisas y encierros, tristeza y "todo sigue igual". Van surgiendo esas preguntas sobre cómo el amor se erosiona por las caricias suaves pero letales del tiempo atemporal, cómo la intransigencia es, para algunos, utopía y, para otros, necedad. También surgen respuestas a cosas que no recordaba haberme cuestionado, y ahora no recuerdo haber respondido. Y también esos fugaces enamoramientos, esas historias que viven las miradas, con la intensidad y duración de un orgasmo. Es algo tan cruelmente típico que prefiero no pensarlo para que la erosión no le llegue también a este sencillo estado de calma y reflexión. Es mejor que no se sume al montón de Cosas-sin-sentido. Es que...¡vamos!, si nada carece de sentido hasta que nos decidimos a buscárselo. Por eso hay momentos en los que pensar sin pensar es mejor que pensar pensando, así aunque sea sufrimos menos, y eso está piola. Bah, o será que yo le perdí el gusto a tantas cosas por culpa de esa pesquisa funesta que ya le tengo cierta aversión, y quiero salvaguardar los pocos lugares que quedan del otro lado del sentido. Vale, habrá quien me dé el mote de cobarde, pero si es por eso, lo acepto con gusto.
martes, mayo 25, 2004
Vamos, que el amor cambió de forma, de hábitos, de actitudes y de recompensas. Vamos a ver amanecer al balconcito que es testigo de tantas hazañas perdidas en una ensalada de flores, aromas y mareos. Vamos, que ya está bien de arañar el paño. De hecho, hay que jugar sobre él, para eso fue hecho. Y sí, hay cartas, fichas y mucho buen humor.
Me toca jugar, y mi naipe es la Felicidad, esa con mayúscula que alguien calificó de inexistente, de imposible. Yo tengo que ganar, y ya no hay vuelta atrás. Entonces, si la Felicidad no existe, me voy a ocupar de inventarla mientras los demás no se dan cuenta, o con la ayuda de ellos, lo cual sería mejor. Capaz que si gano yo, terminamos ganando todos. Primero habría que dejar atrás toda la parafernalia de los ideales faraónicos, o al menos postergarla para cuando hayamos encontrado la fórmula de esa inexistencia latente... así que mejor me apuro. Los pasos siguientes se verán a su debido tiempo.
Me toca jugar, y mi naipe es la Felicidad, esa con mayúscula que alguien calificó de inexistente, de imposible. Yo tengo que ganar, y ya no hay vuelta atrás. Entonces, si la Felicidad no existe, me voy a ocupar de inventarla mientras los demás no se dan cuenta, o con la ayuda de ellos, lo cual sería mejor. Capaz que si gano yo, terminamos ganando todos. Primero habría que dejar atrás toda la parafernalia de los ideales faraónicos, o al menos postergarla para cuando hayamos encontrado la fórmula de esa inexistencia latente... así que mejor me apuro. Los pasos siguientes se verán a su debido tiempo.
Desde hacía un buen tiempo que lo conocido no tomaba el lugar de la euforia... así que ya le tocaba, y en estos momentos está encargándose de manejar las riendas del bienestar. Esta vez, la simpleza tomó forma de armadura y, lo que siempre fue así, salió a la luz de una manera descomunal, dejando en claro que va amaneciendo.
El protagonista de la obra comienza a comprender los significados de ese nuevo amor, con menos curvas y caminos más libres, que dejan vislumbrar un horizonte mucho más rico, sano y cálido, sin oscilar tanto. Y el sol que va saliendo, desperezándose, es quien se encarga de ponerle la firma a ese grito de guerra que saca al equipo de una posición defensiva por demás.
Es que todo sigue igual, nunca cambió, y ahora hay que festejar la nueva era, el cielo, la claridad y los abrazos, esas caminatas inestables, las lluvias fraternales, saltar al unísono, gritar, soñar y todo lo demás. Porque si tengo de-más, no te voy a andar echando de-menos ¿no?
El protagonista de la obra comienza a comprender los significados de ese nuevo amor, con menos curvas y caminos más libres, que dejan vislumbrar un horizonte mucho más rico, sano y cálido, sin oscilar tanto. Y el sol que va saliendo, desperezándose, es quien se encarga de ponerle la firma a ese grito de guerra que saca al equipo de una posición defensiva por demás.
Es que todo sigue igual, nunca cambió, y ahora hay que festejar la nueva era, el cielo, la claridad y los abrazos, esas caminatas inestables, las lluvias fraternales, saltar al unísono, gritar, soñar y todo lo demás. Porque si tengo de-más, no te voy a andar echando de-menos ¿no?
jueves, mayo 20, 2004
Bueno, recién hablaba con un AMIGO y me dijo un par de cosas que me dieron ganas de hacer la siguiente lista, así que ahí van las cosas que me gustan o me hacen bien en la vida:
Tirar un caño. Abrazar a mi vieja. Ponerme loco con un tema en un recital y saltar hasta perder la razón. Ganarle a Boca. Que la hinchada se cope. Los huevos, la ternura y el resto de la enormidad de mi primo Gopal. La calma, el idealismo, el cariño y las demás cosas de la enormidad de mi prima Belén. Un té con limón y miel cuando el frío aprieta. Una buena limonada o Gatorade cuando el calor agobia. Las charlas y las noches interminables con Edu. Los duendes. La ilusión, el sueño, la niñez. El delirio de Ale. Las locuras del Fer. Fede y su interminable (y cada día más sorprendente) grandeza. Los libros que me abren la cabeza. Las canciones que me conmueven. Hacer reir. Que me hagan reir. Reirme. Ver una película que me haga desternillarme de risa. Los debates tranquilos con gente abierta. Los Redondos. La ropa deportiva. Las camisetas de fútbol. Escribir algo que me conforme. Jugar al fútbol. El Chacho Coudet. Las utopías. El chocolate. Las comidas de mi mami. Mi mami. Los atardeceres en la playa. Las noches en el campo. Dormir cuando hace frío. Meterme al agua cuando hace calor. Tener una pelota cerca. Los primeros pasos del enamoramiento correspondido. Los primeros mimos. Las cartas de personas que quiero. Jugar al truco. Intercambiar miradas con una chica cuando pasa, y quizás una sonrisa. La calma, la paz, la tranquilidad. El mar. Los lagos, bosques y montañas del sur. La AMISTAD con Pablo. Ver jugar a Ronaldinho. Los meses de verano. El calorcito tranqui. LA LLUVIA. El olor de los jazmines húmedos en el verano. El olor del pastito húmedo a la mañana en el campo. El olor del asfalto húmedo en una tarde lluviosa de verano. Llegar de la playa, bañarme y merendar. Las salidas por Plaza Francia con Laura. El gol de Cavenaghi. Mi vieja de buen humor. Jugar por la Copa. Las reuniones en lo de Ale. Cuando la pisa Román. Poder enseñar. Aprender. Plaza Francia y aledaños. Bariloche. Sentirme conforme conmigo. Los animales. Jugar con los perritos. Caminar con algún amigo mientras hablamos. La noche. La seguridad. El licuado de manzana con agua. Comer en McD o BK. Ir al cine. Ver a las chicas que viajan en el mismo bondi/subte. La voz de Ismael Serrano. El pañuelo que me hizo Fede. Mi camiseta de Holanda. Las entradas que guardé de los recitales a los que fui. Las noches de verano. Los cielos claros y estrellados. La Luna. Los recuerdos lindos que no molestan. Conmoverme.
(Y hasta acá dejo la lista, quizás algún día la siga).
Que anden bien. Saludos desde el asteroide b612. Abur.
Tirar un caño. Abrazar a mi vieja. Ponerme loco con un tema en un recital y saltar hasta perder la razón. Ganarle a Boca. Que la hinchada se cope. Los huevos, la ternura y el resto de la enormidad de mi primo Gopal. La calma, el idealismo, el cariño y las demás cosas de la enormidad de mi prima Belén. Un té con limón y miel cuando el frío aprieta. Una buena limonada o Gatorade cuando el calor agobia. Las charlas y las noches interminables con Edu. Los duendes. La ilusión, el sueño, la niñez. El delirio de Ale. Las locuras del Fer. Fede y su interminable (y cada día más sorprendente) grandeza. Los libros que me abren la cabeza. Las canciones que me conmueven. Hacer reir. Que me hagan reir. Reirme. Ver una película que me haga desternillarme de risa. Los debates tranquilos con gente abierta. Los Redondos. La ropa deportiva. Las camisetas de fútbol. Escribir algo que me conforme. Jugar al fútbol. El Chacho Coudet. Las utopías. El chocolate. Las comidas de mi mami. Mi mami. Los atardeceres en la playa. Las noches en el campo. Dormir cuando hace frío. Meterme al agua cuando hace calor. Tener una pelota cerca. Los primeros pasos del enamoramiento correspondido. Los primeros mimos. Las cartas de personas que quiero. Jugar al truco. Intercambiar miradas con una chica cuando pasa, y quizás una sonrisa. La calma, la paz, la tranquilidad. El mar. Los lagos, bosques y montañas del sur. La AMISTAD con Pablo. Ver jugar a Ronaldinho. Los meses de verano. El calorcito tranqui. LA LLUVIA. El olor de los jazmines húmedos en el verano. El olor del pastito húmedo a la mañana en el campo. El olor del asfalto húmedo en una tarde lluviosa de verano. Llegar de la playa, bañarme y merendar. Las salidas por Plaza Francia con Laura. El gol de Cavenaghi. Mi vieja de buen humor. Jugar por la Copa. Las reuniones en lo de Ale. Cuando la pisa Román. Poder enseñar. Aprender. Plaza Francia y aledaños. Bariloche. Sentirme conforme conmigo. Los animales. Jugar con los perritos. Caminar con algún amigo mientras hablamos. La noche. La seguridad. El licuado de manzana con agua. Comer en McD o BK. Ir al cine. Ver a las chicas que viajan en el mismo bondi/subte. La voz de Ismael Serrano. El pañuelo que me hizo Fede. Mi camiseta de Holanda. Las entradas que guardé de los recitales a los que fui. Las noches de verano. Los cielos claros y estrellados. La Luna. Los recuerdos lindos que no molestan. Conmoverme.
(Y hasta acá dejo la lista, quizás algún día la siga).
Que anden bien. Saludos desde el asteroide b612. Abur.
martes, mayo 18, 2004
Las gotas de un sudor que, a pesar de no existir, sentía caer por mi cara revelaban un auténtico sufrimiento, pero dulce. Inestable, sediento, ansioso, recorriendo un camino tantas veces andado pero pocas concluído. Alrededor se ven caras similares, como buscando ese sueñito que parece tan cerca y tan lejos que uno ya no sabe qué pensar ni decir. Y el sudor corre sin correr, y el tiempo pasa con la lentitud de la luz en mundodisco.Todo es tensión. De pronto el agudo final se precipita, y nos damos cuenta de que por fin era nuestro tiempo, pero también eran nuestros el espacio y el placer. Ahora veíamos las cosas de arriba, y... ¡qué linda vista! La única complicación es mantenerse en equilibrio. Porque a nosotros, a este nosotros, el vértigo nos agranda.
jueves, mayo 13, 2004
El colectivo va repleto. Repleto, y cada día su contenido se abulta más y más, parece que fuese interminable el espacio que tiene para almacenar. Es que usa un mecanismo muy fácil: el intercambio. Todos los días suben distintos pasajeros, y al mismo tiempo bajan los más antiguos. Es raro. Raro porque esos más antiguos son los que más urgencia de llegar a destino tienen, los que más ansias generan, más desesperación. Y el conductor siempre es el mismo: una persona obstinada, oscura, de rostro cubierto, con una mirada sombría y fría, soberbia e inaccesible. Mira fijo y nada cambia para él, pero sí para la victima de su contemplación. Y sube al colectivo, paga su boleto y se acomoda donde puede. El recorrido es interminable. Tiene un itinerario indefinido, toma las vueltas menos necesitadas y para en cualquier esquina, buscando nuevos pasajeros y desechando otros, como si fuesen descartables. Es realmente indignante. Y entonces, cuando el cuento del recorrido eterno, de los descartes, de la misma historia de siempre ya hubo tomado un tono candente e irascible, en ese momento el chofer dobla en un callejón sin salida y, pedal a fondo, choca de frente contra el paredón que cierra, muriendo todos los que habitaban el bus. Y, si bien el conductor puede ser considerado una "persona", los pasajeros no eran ni más ni menos que recuerdos.
lunes, mayo 10, 2004
Ese muerto que ven ahí, así vestido, ha resultado asesinado cientos de veces, y no es un caso singular. Pero cuidado: no todos los difuntos son reincidentes. Lo que pasa es que algunos no saben morir, o no se conforman con eso, ni se rectifican. Hay cadáveres que yacen pacíficamente habiendo tenido una mediocre existencia, y otros que vagan infinitamente la eternidad en busca de esa gota de llanto que perdieron cuando sus aspiraciones fueron masacradas por alguien menos imperfecto que ellos, al menos desde un punto de vista… quizás. Ese cuerpo no-tan-sin-vida que recorre los rincones más oscuros puede perecer tantas veces que uno perdería la cuenta fácilmente. El problema es que casi nunca nos enteramos de su fallecimiento, y esto se debe al criterio paternal que tienen los informantes para decidir sobre cosas que pueden afectar la sensibilidad y el termómetro de libertad de algunos televidentes. Por eso es que la tristeza embiste con fiereza a los muertos reincidentes, y estos sienten que sus pequeños logros se marchitan instantáneamente bajo la suela de esos no tan distintos pero sí tan poderosos, aunque sea un burdo poder ficticio, alimentado por energía banal que sólo puede comprar mentes débiles (que, lamentablemente, siguen de moda). Y es entonces que el difunto comienza su abandono, poco a poco, rindiéndose sin ganas, pero sin alternativa visible. Y así sucede: millones de muertos resurgen millones de veces para ser asesinados nuevamente, como una calesita de intentos, hasta que se agotan y quedan en transición, sin saber a qué mundo pertenecen.
jueves, mayo 06, 2004
El sonido viajó desde el frío. Pero no cualquier frío, oh no, hablo de un frío particular, delicioso. Ese frío que aromatizó todo un recuento de sensaciones mágicas entre ambos, sin dejar de enfriar, pero siempre en la justa medida. Es que siempre viene bien un poco de hielo para darle un uso sabio a la pasión. Y algún día supimos derretir ese clima semihostil para que emergiera de los restos una flor llena de vida, una flor incapaz de marchitarse ya que no sabía de las inclemencias del paso del tiempo. Y esa flor perduró, aunque por un tiempo quedó olvidada en el rincón de una habitación hermética. Pero hace poco, el sonido que viajó desde el frío penetró en ese cuarto para alumbrar con su brillo los decaídos pétalos de aquella maraviila. Y le anunció que el retorno no era inevitable, que las esperanzas sabían hacerse desear, pero algún día habían de ceder, y ese día no estaba tan lejos. La posibilidad le resultó dulcísima, como si una frambuesa harto madura se hubiese fundido en su boca repentinamente, y el paladeo lo enloqueció de placer. La euforia vino a él con paso sereno, y fue ese equilibrio el que le entregó las palabras en una bandeja de plata. Las tomó, las olió, y las acomodó en su alma como piezas de rompecabezas. Allí fue cuando la situación cambió, y el sonido, entre remolinos de colores, fue tomando forma, a lo lejos, en un horizonte que quería acercarse, pero tenía temor, un temor respetuoso que titubeaba y hacía titubear. Pero todavía no hay un final para esta historia, porque las suposiciones no han sido corroboradas, así que eso lo dejo para más adelante. Abur.
miércoles, mayo 05, 2004
Y crecieron. Crecieron dejando un rastro hermoso, un arcoiris como camino, lleno de matices, de gloria y belleza, arengando los oídos y el corazón con mucho arte inmaculado, con un sueño fenomenal que al final sólo fue eso. Crecieron desde los pequeñísimos antros, desde la inmensa soledad, a la cual fueron borrando con el tiempo. Pero están cambiando la goma. Ya no borran con autenticidad: ahora borran con negocios. Borran y venden. Borran y compran. Borran y entregan. Borran y se borran, se desgastan, se deslizan hacia un profundo e interminable destino de apariencias. Con su antigua goma se van los sueños, la magia, los colores... todo ese camino vuelve sobre sus propios pasos e implota en una supernova de tristeza y decepción. Y sólo queda la obra, como ejemplo de lo que pudo ser una fantasía y realidad, pero terminó en un nudo abrupto.
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