lunes, mayo 30, 2005

El grillete.

Te dieron alas
y ahora querés ser
un ave más.

Te dieron alas
pero te atan
con sogas cortas
a sus temores.

Te dieron alas
y una batalla
para ganar
el derecho a usarlas.

Te dieron alas,
aprovechalas:
echá a volar.

jueves, mayo 19, 2005

...es que en realidad no encuentro la puerta para sacarte de ese lugar que no sé dónde está.
Sí que duele ver cómo se mete en tu vida la muerte por todos lados: desde personajes hasta conocidos, raices de amigos y familiares, y persecutas y delirios que alimentan a este extraño pájaro de mal agüero que sobrevuela mi mundillo y lo escupe, con sorna, desde la oscuridad del cielo.
De a ratos trato de evadirlo, pero cuando se cruza con la luna, su sombra se proyecta implacable por todo alrededor, y no queda otra que llevar a cabo algún ritual para sanear el ambiente, cosa que me dispongo a hacer prontamente, porque esta oscuridad me asfixia. Hay que cambiar aires, iluminar el ambiente. Ventilar un poco el alma, en definitiva, que de tanto encierro ya apesta a humedad.

martes, mayo 17, 2005

La ciencia es mentir.

En todo lo que haya números, viene implícito un error insalvable: describir algo con ellos es como querer meter al infinito en una pecera. La matemática es infinita hacia afuera y hacia adentro, entonces ¿dónde está la exactitud?
Tiene amnesia el mundo: se olvidó de todo lo que necesita, y sólo recuerda esos datos que le gustan a la gente mayor. Sabe a raudales sobre números y ciencias, pero no tiene ni idea del amor.

domingo, mayo 15, 2005

Llueve.
¿Qué llovés, cielo?
¿Agua de qué?
¿Llovés? ¿o llorás?
¿Quién te nubló?
¿Por qué rugís?
¿Tanto daño te hicieron?
¿Tanta ira albergás?
¿O es pura impotencia?
Ay, cielo...
Si vos, en tu inmensidad
sos tan endeble
¿dónde habrá refugio
para este diminuto espíritu?
Vos renovás turbios mares
yo mansos lagos,
quietos como piedras.
Tu tristeza se hace océano,
la mía es un estanque.
Pero, a pesar de todo,
compartimos la angustia
del desengaño.

miércoles, mayo 11, 2005

Me agarré de tu mano.
Me dejaste caer.
Yo te hubiera salvado.

La mirada del amo, LAS PELOTAS.
El cielo, baldío.

Lo veo al ángel guardián
desgarrado en un rincón
buscándole una razón
a tanto circo sin pan,
al demonio en gamulán
y la flor-de-confusión.

¿Cómo pudiste vender
un corazón prestado?
Ese ángel te ha cuidado,
vos elegiste no ver,
ahora hay poco por hacer:
queda sólo un muerto alado.
"... esta letra, un poco a modo de conjuro, quiere evitar que nos toque toda la mierda que nos rodea, entonces va a pedir que retroceda..."

Otra vez invocar palabras.

Un paso atrás... no me toques.

Imagen: Descreido, anonadado ante semejante barbaridad, veo el crimen cometido y, alejándome, pido distancia. NO ME TOQUES.
La pareja victimaria sonríe socarronamente, con las ropas completamente ensangrentadas, y yo me caigo en mi retroceso, araño la alfombra y deformo mi cara con gestos de "ESTO ESTA PARA EL CARAJO". El muchacho no se hace cargo, y ella pretende una complicidad que está lejos de mi alma.
Maldita mediocridad asesina. Réquiem idóneo.
Trato esto como un exorcismo, para desterrar de mi ser todo lo que quede de esta posesión. No quiero condenas que no me corresponden. Después de todo, yo sólo quise a alguien... y eso no es ningún crimen.
Intro Volunta.

Inmortal, mientras la vida
no decida lo contrario
y me sepulte en horarios
con las rodillas partidas.
El color en un armario
con olor a despedida
es una bala perdida
y yo, los destinatarios.

domingo, mayo 08, 2005

¿Será así mi ceguera?

Está claro, desde el vamos, que es más fácil destruir que construir, y mucho más fácil que mantener. Entonces me veo ante la primera justificación directa que se puede tener de todo este pelotero trágico.
Después hay para considerar otros factores: el talión (ojo de vidrio por ojo real... ¿derecho a qué? ¿qué de qué? la imaginación traiciona, y el tiempo parece no contar), la hermana más hermosa (que se busca... aunque parece que con métodos contrapuestos), y qué sé yo... si nunca supe, tampoco... o nunca me dejaste saber.
Pedí verdad o mentira, me diste mediocridad. Así nunca sirvió nada. Eso de te abro la jaula pero si salís te pego un tiro no arregla nada. O al menos a mí, no. Y yo entiendo que sea parte tuya, pero para vivir de conjeturas prefiero jugar al prode.
El resto era cuestión de compartir, del tiempo, de qué sé yo... pero el gris, no. Porque el gris mata, ¿sabés? Fue mucho tiempo en ese color como para cometer otra vez errores del pasado.
Estuvo (¿está?) en tus manos. No pedí nada más.
En estas ocasiones es fácil lastimar... las palabras tienen ese oportunismo sensual y agrio, y eso las hace capaces de roer con saña a un alma desprevenida. Es sencillo, pero no deja de ser cruel. Y peligroso, a menos que uno ya se lo espere. Pero, al mismo tiempo, es un poco ingenuo (como la flor que muestra las espinas para defenderse del -en este caso imaginario- tigre).
Fleté muchas sombras para plenificar este juego... vos apagaste la luz. Te pedí que la encendieras, pero preferiste seguir tratando de dormir. Y yo estoy bastante cansado de la oscuridad: más allá de los miedos (porque no abandono), me enferma vivir tanteando.
Como la matemática no entra en estos rollos, cualquier cuenta puede tener solución. Si alguna vez 2 y 2 fueron 3...

viernes, mayo 06, 2005

Contra el terrorismo anímico.

Sé que no hay una línea de coherencia que esto esté siguiendo, y me jode bastante, porque es
desesperante esa incertidumbre constante, esa imposibilidad de esperar una consecuencia lógica a ese acto, a esa mano que ofrece.
Estoy perdido en el medio del tiempo, que me encarcela y me va moviendo casi sin querer, pero ando necesitando un poco de orden en tanto caos de la existencia, entre tanto desconcierto… y están ellos, que son a veces ángeles férreos, impenetrables por la putrefacción del momento, y con sus manos me alzan de este presente que azota todo lo que soy.
Ellos todo lo pueden. Hasta distanciarme de la más cruda realidad para depositarme en un paraje mucho más leve y ameno. No sé cómo lo logran, no tengo idea de dónde sacarán esos poderes supraterrenales para mantenerme un poco al margen de tanta basura, pero lo hacen. Ellos lo hacen.
Ellos:
Aural: cualidad innata para despegarme las suelas del piso, y para soportarme en el aire. Sabia “empujadora” a la hora de tomar decisiones. Es licenciada en malcriarme y endulzarme el paladar y la vida. Oidos y ojos invencibles, por más embates bajoneros que los acosen.
FabulOsazul: insistencia de hierro para cambiar mis ojos por unos menos preguntones. Constancia y cariño. Buena como pocas, con el pecho abierto de par en par, abarcando todo un mundo. Palabra de aliento inagotable. Experta en buscar salidas. Le saca brillo hasta a la melancolía.
Magías: compañero de ruta y compadre de delirios, mambos y otras yerbas. Es como un Midas, pero en lugar de oro, todo lo transforma en magia. Profundidad a pleno. La existencia compartida con él es un enigma tan plácido y oscuro a la vez que uno siente la necesidad de resolverlo, pero da gusto. Paz.
Principita: Ella… es lo más cercano al sol que puedo abrazar sin quemarme. Es como un chocolate que condensa toda la dulzura del universo. Es mi consentida sin ecuanón, y también objeto de mis instintos más protectores. Sabe de iluminar. Enemiga íntima de las sombras. Conoce los mejores métodos para simplificar las cosas. En ella, todo lo que brilla es luz.
Ynociencia: asesora mis adentros para que no se sumerjan en sus propias tinieblas, y tiene éxito. Voltea estanterías, descontrola todo el interior, lo pandemoniza para luego rearmarlo con un poco más de energía, con belleza agregada, con ese toque de personalidad combativa ante todo el negro golpe que quiere pegarme de lleno. Es bien etérea, pero completamente perceptible. Dueña de mis oídos, también se quedó con un pedazo de mi vida. Es furia y sensibilidad, una amalgama inigualable. Por eso se metió en mi piel, y no piensa en irse. Ni yo en echarla.
Wiki-Wiki: su máxima fuerza reside en achicar las distancias de una manera impresionante. Miles de kilómetros físicos, pero una unión de espíritus sellada por la noche. Conocedor de un humor especial, casi elitista pero de los menos elegantes y más absurdos. Un terco de mi bienestar.
Y el batallón sigue… esta guerra es despiadada, pero tengo aliados con superpoderes. El resto ya no está en nuestras manos.
Sin sentido
y aturdido.
Medio nido
destruido
por un ruido
no atendido.

jueves, mayo 05, 2005

Memorándum: las esperanzas son peligrosas.
Si alguna vez me hiciera un poco más de caso, capaz que no tendría que pasar por estos procesos de saneamiento integral post-debacle que arden bastante y me dejan en el mismo lugar, sin mejorías.
Pero bueh... resulta que nací necio y terco, e idealista.
Lo malo es que las cosas, por más que uno crea, no cambian... ni el más claro amor parece poder con tanto ego táctico, con tanta estrategia maquiavélica que hiela esta tierna hoguera.
¿Entonces?
Este sin sentido me sumerge.

martes, mayo 03, 2005

Así las cosas... no hay sentido en ningún rincón de este puto universo, y encima parece que el único juego que pintaba, se disuelve en las babas del diablo. Pero con eso también mueren tantas cosas... qué humor negro el de esta vida.
Esa jodida incertidumbre de la catástrofe me atormenta. Me veo cayendo en los infiernos, profundísimos ellos, con un tridente clavado en la espalda y la risa burlona sonando de fondo eternamente. Quizá sea el final más propicio para este capítulo de silencios de mal agüero y contestaciones con misterios asesinos.
Se ha nublado para llorar...

jueves, abril 28, 2005

Dos que se quieren ¿se dicen cualquier cosa?

Ojos que quieren ver
porque lo pide un corazón
que se saca el armazón
y prefiere comprender
antes que irse a correr
ciego, sin dirección.

Pero tu mano me tapa
lo que decís (en partes)
casi queriendo ocultarte
por detrás de aquella capa,
como una sombra que escapa
sin concluir con su arte.

Y yo me quedo perplejo
queriéndote sin querer,
ya que no puede caber
este amor en un espejo
¿el sentir dónde lo dejo
si no te logro entender?

martes, abril 26, 2005

Vacío
abierto
tan mío
tan cierto,
navío
experto.

sábado, abril 23, 2005

En tránsito por un desierto bastante mío, donde hay pocas palmeras y mucha sequía, aridez por doquier, en todos lados. Los oasis son sólo espejismos múltiples que se hacen arena con mi toque, como un Midas nefasto. La vida acá es nula.
Y yo... camino. Sin rumbo. Pateando mi sombra, que es la única que se carga mi soledad al hombro, y buscándole una salida a esta nada dorada que invade toda mi visión y el resto de mis sentidos. Me pregunto cosas que jamás existieron en un mundo real, y busco lo mismo, pero... claro, no lo encuentro, y la desesperación empieza a salir de abajo de cada uno de los granitos que conforman el paisaje. Es insoportable.
Ahora, ya mismo, un espejismo... por favor. Lo necesito. No importa que sea de mentira, preciso engañar un poco a mi mente para que deje de torturarme con su cruda verdad que no aporta nada al caso, sólo dolor.
Empieza a irse el sol con ritmo cansino, como si le pesaran los pies, y mi desesperanza me clava un gancho en la sien, la conciencia toma la posta ahora de una vez por todas, y las tinieblas son cada vez más densas. Ya no hay luz. De mis pies para arriba, tinieblas. De mis pies para abajo, arena. Y yo, en el medio, como una espina en la noche.
Definitivamente se instaló el frío, que era lo único que faltaba. Me corta la piel con los vientos minerales, y desgasta de a poco lo escaso que queda de mí. Pero nunca llega al final. Jamás se atreve a extinguirme, nomás me lleva a una agonía lastimosa en la que sólo soy retazos de un cuerpo destruido. Y resucito con el alba, pero saboreando esa amargura de que la eternidad que me queda es un suplicio difícil de sobrellevar si no tengo más abrigo que mi sombra, que encima se va con el Sol.
Estoy cansado de luchar contra el desierto.

viernes, abril 22, 2005

Es mucho tiempo... demasiadas esperas, de las más amargas, sin que los frutos se puedan siquiera olisquear como una pequeña presa de la ansiedad, del deseo insoportable de ver nuevamente ese set redondo y demoledor, que reacomoda los sentidos y el corazón, que deja ver un poco de verde en esta ensalada de mediocridades grises.
Da tanto miedo esa gracia que ni siquiera quiero pensar en lo imposible del furor. Es tan tenebroso este compromiso de almas que tengo con aquel rey, que hipotequé medio pecho por un beso en la frente, y ahora estoy tambaleando en una balsa renga sobre este arroyo de oscuridades, flotando a la deriva.
Un poco de rock... aunque después de tan alto vuelo se caiga y se haga trizas. Un poco de rock, y ahí mismo, en el seno del rock, llegar a eternizarme en una muerte pletórica. Esa última punzada, ese último riff, un alarido que desgarre este retazo de alma y ya, para irme con paz y rock al infinito.

miércoles, abril 20, 2005

Muévete misterio, baila
que mis ojos se tapan sus ojos
para no ver la oscuridad,
y soñar que las tinieblas
son solo las manos que puede sacar
cuando la luz sea urgente.

Gira, pisa y vuelve
furtivo caballero
y que tu velo se encargue
de amortiguar los disgustos
mientras alguna solución
transita, pensativa,
por la cubierta de esas mentes
que son capitanes de la bajeza.
A la ciudad ni la rozo
entre esta dulzura leve
y el hueco que abriste
cuando me di cuenta
de todo lo que se va con vos
cuando te perdés de espaldas a mí
en lontananza de la avenida,
atrás de un vidrio imbatible
(quizá por el vidrio
o quizá por el tiempo,
la velocidad, la distancia,
la vida).

martes, abril 19, 2005

Fantasía Es, Ríos Negros, Eternos Tragos.

Madriguera de la noche
que es oscura como ella.
Duerme en una botella
con su espíritu fantoche
Es pecado su derroche,
es néctar de las estrellas.
Noche.

Descansando en la noche
me topé con tu coche
y terminé en un desierto
con los ojos abiertos
la sonrisa torcida
la mirada perdida
un destino frustrado
con dolor de antemano
un engaño precoz
pudre el cielo de a dos
la posible sospecha
oscurece la fecha
y erosiona los velos
que apaciguan mis celos.

lunes, abril 18, 2005

Pateando las calles sin tocarlas
a centímetros del suelo
y de la realidad.
Me lleva el viento,
me cuelgo de su cola
como si fuera el último vagón
de un tren que me hace flamear,
y gira por la ciudad.

sábado, abril 16, 2005

La caja.

Es tan fácil de explicar y tan difícil de experimentar...
Llegué a la vida con una caja. Tuve padre, madre, familia. Tuve todo lo que cualquiera pudo querer, y una caja, de la que me separaron al nacer y la ocultaron mientras pudieron.
Tuve y tengo amigos, gente que quiero, amores, pasiones, artes, magias y no tanto. Tuve pequeñas metas, y placeres, y sol y Luna y estrellas, cosas que a veces todavía tengo.
Pero... un día tuve, claro, una inquietud. Y ese fue el principio de la decadencia, como cuando le prohiben la manzana a Adán.
Un día, lamentablemente (o no), pasé la barrera de mi pensamiento convencional, mi introspección se desgarró en sí misma, y abrió sus tejidos hacia un pozo oscuro que necesité explorar. Y allí había una caja. Caja que rescaté de esas tinieblas. Caja a la cual miré primero con miedo, luego con respeto, más tarde con curiosidad y finalmente con desesperación (una desesperación completamente amorfa, sin pies ni cabeza, sin razón aparente, pero que ahoga).
Entonces me tiré sobre ella, como un instinto, y la abrí... pensé que sería mucho más complicado, pero me alcanzó con levantar la tapa, y así encontrar... otra caja.
Volví a levantar la tapa. Volví a sacar una caja.
Otra tapa, otra caja, otra tapa, otra caja, otra tapa, otra caja. Repetí el proceso una, diez, cien, mil veces. Más también. Y siempre una tapa y una caja.
Todos los segundos, todos los minutos, todas las horas, todas las semanas, todos los meses, todos los años: otra tapa, otra caja.
¿Hasta cuándo voy a encontrar cajas adentro de las cajas?
Eso es mi vida: la incesante, ansiosa, desesperante y casi insoportable búsqueda de LA caja, de algo que no tengo idea de qué se trata, pero que dicen que hay...

jueves, abril 14, 2005

Desde este pequeño oasis de la conciencia vuelvo a decir lo que alguna vez te pedí: no dejes que mis manos te suelten por miedo. Esta vez no sé bien a qué es... pero está completamente descontrolado en mi cabeza, rompiendo todo, no se detiene, no quiere hacerme caso, es como una bestia impetuosa que sólo quiere destruir, sin más.
Solo son fantasmas que roen mis esperanzas.
Ya en otoño, ya cayeron mis escamas... quizás ese sea el problema. Quizás tener el corazón en carne viva duela como la hostia y el sufrimiento me azote las neuronas con sus artimañas, y entonces yo flaquee ante tanta sevicia, pero asimismo, mientras nuestras manos estén enredadas, no me puedo caer.
Eterna la lucha entre mi cabeza y las preguntas.
De tanto existencialismo mi baqueteada mente ya no encuentra una cama, ni siquiera un montón de paja para poder descansar el rato. Estoy que estallo de cuestionamientos que en realidad, como un embudo, terminan siempre en la pregunta final, que no parece encontrar respuesta, y esa ignorancia me desespera. No tanto por la ignorancia en sí, sino por lo que eso conlleva... por el vacío que se expande a partir de ese agujero negro en mi interior.
Encontrar todo tan efímero resulta insoportable. Tener esa certeza de que las fechas de vencimiento van a llegar, tarde o temprano, a cada rincón de mi pequeño universo, es como un domingo gigante, como un torneo.

"... nadie puede escaparse si todo es una prisión..."

miércoles, abril 13, 2005

Miedo.

Me acosa el terror... me agarra de los hombros con sus manos firmes, me tira de espaldas a la pared y me aprisiona entre sus brazos, susurrándome palabras de tétrica índole, haciendo que mis oidos sean una tortura de guerra cuasi insoportable. Estoy acorralado, no hay direcciones de escape y mis pies se congelan por el sudor helado.
Quiere ahorcarme, aprieta mi cuello que es tu luz, y trata de quebrarlo. Me paraliza y sigue con su perorata de frases que se apilan sobre la ya infernal inseguridad. Usa la ironía, la suspicacia... quiere derrumbar todo mi monte de cristal con un grito de rabia.
Sangra mi audición, y se torna todo tan pálido... creo que me quiebra. Pero es tan reacio a fulminarme de una vez por todas, que las mínimas ascuas que adornan mis hombros arden por el viento, y me hago de fuego, su abrazo mercenario es ahora un suicidio involuntario. Gira sobre sí mismo tratando de apagarse, pero ya no hay vuelta, y se consume, se derrite, se evapora, se hace nube que me espera, que acecha mi distracción para lloverme encima y otra vez ametrallarme con dudas.
Y vos, mi cuello, mi luz, mis brasas, mi viento, mi paraguas, mi impermeable... sos la heroina de este episodio, que ojalá derive en serie, en duo más que dinámico, en una enorme batalla ganada al horror y a todo lo que nos hace daño.

"... mi ejército no tiene bandera, es solo un corazón..."

domingo, abril 10, 2005

Navegando las miserias... o mejor dicho, mis miserias, que no sólo son las que toco, y esperando impaciente el guiño de la claridad para salir por ese tunel a la luz, a la intemperie refrescante.
Los tiempos no concuerdan, y se hacen una maraña imposible de desatar, de separar, de vivir.
Los pasos, como los tiempos, tampoco se ponen de acuerdo.
El acuerdo mismo no se pone de acuerdo. Nada está bien así.
Si ni la magia alcanza para aprender un poco... si ni con ese arte puedo despertarme... entonces presiento que este va a ser el mismo domingo gris de todos los domingos, de todas las semanas.
Otra vez la máscara, el personaje, la complicidad de plástico. Otra vez el disfraz.
Ojalá al menos no llueva y vuelva a quedar desnudo frente al rebaño...

jueves, abril 07, 2005

¿Adónde irán a parar las hojas que se escapan de los árboles? ¿Qué hará el viento con esas flores secas que se suicidan antes del invierno para no tener que soportarlo?
Necesito ese lugar, conocerlo, tenerlo de aliado para aguantar el crítico estado de este endeble espíritu. Que la montaña en el derrumbe que soy hoy se resguarde atrás de un roble recio.
O ser, por lo menos, la próxima víctima del azar y que el sol me consuma.
Pero este estrepitoso tambaleo que parece infinito... no.

miércoles, abril 06, 2005

Un tropezón no es caida.
¿Y muchos tropezones?
¿Y un empujón?
¿Una caida es una caida?
¿Cuál es el número máximo de caidas consecutivas soportables?
¿Cuántas veces me tengo que caer para darme cuenta que, como el boxeador apaleado, mi mejor lugar para sobrevivir es la lona?
¿O no será así?
¿Un tropezón? JA.

martes, abril 05, 2005

Lunatico.

El insomnio es de tus ojos
y los sueños contenidos
del silencio que los cuide.

En la noche soy más mío
y me despego del bramido
de este océano mediocre.

En cambio durante el día
todo está tan manoseado...
y me siento deslucido.
Te veo y en tu saludo
la ausencia es lo que beso.
Te llamo como un abrazo
pero atiende el contestador,
y todos los mensajes
se aturden en mi lengua
se hacen nudos, o aguijones
que mueren sin picar.
Como aprender a leer, esa idea que surge es, de una vez y para siempre, completamente invencible.

domingo, abril 03, 2005

¿qué pedazo de mí está arriba de la mesa?
Punto. Coma.
¿o qué?
Eh... claro... una astilla de mis capacidades se sienta en el borde de la ventana, lo medita, ve el horizonte y se deja caer. Aburre y se aburre, y cree en su martirización como objeto de eternidad. Falla.
La otra, la que intenta despreocuparse, termina con pastillas para dormir. Necesita sueño, mucho de él, no puede por sus propias para alcanzar ese coágulo en las ilusiones, para que la herida no sea una hemorragia donde se escapen tantas creaciones sin límites. Para poder, sin tanto alboroto, retener ese pequeño prestigio que anima al amateur poeta a seguir con ese camino indescifrable de sátiras y utopías.
¿Qué queda? Este reciclado de pequeñas gotas de un limón agotado por los dedos que abusan del jugo. Las semillas caen sobre aquel pequño y árido baldío, donde nada crece, nada vive, nada progresa ni aprende, pero toman de los sedimentos marginados cierta dosis de vida que aprovechan como pilar para un furioso revés al previsto, a la probabilidad, y así contagia cierta chispa que incendia mentes inmediatas, y seres contiguos.
Y así y todo, en el medio de un lago de aguas habituales, este estancado barrilete hace un campamento de cuestionamientos que se inunda porque, claro... hay diluvio en las ideas, y los vientos extranjeros pierden la cabeza, la internan, la fusilan con gritos perdidos.
El vaso es fondos, es restos, es aborto de ideas. Y uno lo bebe, porque tiene sed, y ella te dice que sí, que eso tiene su validez ahí, en ese momento, en esa oportuna rabia desesperante. Y las paredes, que se te achican, son otro aliciente. Y aceptás, nomás...
Pero qué tal si no... si lo frío del invierno pudiera ser a elección, si las hojas crujieran en primavera, si la lluvia gris quedara sepultada por tibios aires de noviembre. Si se retirase derrotado el mediocre deseo del frenesí cronológico... si las hojas del calendario en otoño cayeran como las doradas pérdidas de los árboles.
¿Cómo podría imaginarte en un contexto tan químicamente idóneo? Parece que ese dramatismo que te deteriora es algo inapartable. No sé tanto como necesito para eludir el agravio que me provoca tal incertidumbre... o tal contradicción. No podría alcanzar los movimientos de tu baile, ese zig zag que despega mis pezuñas de la cadera del cielo. Y entonces... casi hay resignación, y desdén. Preabandono... desilusión, casi. Impenetrable como la oscuridad, sofocante como una mirada fija, así de crítica es la angustia del pichón que no alcanza por ningún medio la ruptura del cascarón.

sábado, abril 02, 2005

Te prefiero.

Estoy admirando cómo este espíritu vela por tu tacto, sueña ese pelo. Cómo la cáscara del tiempo se va abollando, y el cristal que es esta espera termina cediendo ante tanta presión del ansioso resplandor.
No entiendo por qué, pero, sin necesidad de elegir, igual prefiero tus alas, o ese vuelo inconciente y despreocupado (hasta cierto punto) pero con un vértigo sensible.
Claro, si hay vértigo, hay cierto miedo voraz a las alturas, a treparme a aquella estrella. Pero no puedo vacilar, nomás te acepto como algo que no quiero ni siquiera discutir, como las hojas no discuten a la luz del sol.
Te prefiero, aunque no tenga que hacerlo, aunque no haya un plan B, aunque dude de las conveniencias, a pesar del horror, del temblor... te prefiero.

miércoles, marzo 30, 2005

Una vida sin sueños desleales
sin brutos finales abruptos
sin cambios de piel por cobre
sin gritos vacíos
sin noches con más lágrimas que estrellas
sin contactos gélidos
sin arcoiris en monocromo
sin piel de minerales agrios
sin genocidios arbóreos
sin cuentos infantiles elitistas
sin cruces enterradas en el pecho
sin pies descalzos sobre vidrios rotos
sin corazones ciegos corriendo directo a la nada
sin loros de papel más valiosos que un alma
sin guillotina para la libertad
sin carrera de sacos contra el poder...
¿es mucho pedir?

martes, marzo 29, 2005

¿Cuánto de mi alma se enjuaga con la lluvia
que derrite asperezas y corazas?
Así como los pisos, ella también se inunda,
se llena de charcos y huele húmeda y fresca.

Pero no se puede uno acercar así
con miedo a que un rayo lo endurezca,
derrochando cautela en balde
para terminar pasando un secador
que arde como la arena ígnea.

Debería haber sol pronto
o algunos tibios surcos que drenen
esta anegada situación
este desesperar de agua cayendo,
de vapor en el frío.
Los poros en el vidrio, esas estrellas que lo acompañaban, ahora se unen para revolucionar los pisos. Mis pies se empapan, y un ambiente de pseudotragedia aparece en escena... evacuando pequeñas partes del decorado, desagotando las habitaciones, secando rincones y echando a la lluvia, tratando de dejarla en las afueras, donde mejor hace.

lunes, marzo 28, 2005

Hay algo en las noches de domingo... algo que sabe cómo hacer para amontonar todas las penas de una persona, para recordarle cuántas miserias tiene su propia vida. Cuánto duele la muerte, y cuánto más la agonía... y más todavía si se trata de alguien que es, tarde o temprano, el origen de tu vida. Conoce el ardor que provocan los miedos ocultos, los traumas y las persecutas, la desidia en que desenvoca una hora de pensar puro, en su esencia máxima.
Y todo, todo lo que angustia, todo lo que quiebra, todo lo que desgarra... todo eso lo maneja, lo junta y te lo tira en la cara como una bola de espinas. Te tira al suelo. Te humilla ante vos mismo. Es como un aquelarre de las brujas del dolor.
Y ni siquiera está la luna... nomás nubes, nomás gris de tempestad luctuosa.
¿Por qué todas mis defensas ceden tan fácil ante esta circunstancia, ante este perverso instante?
Bah... digamos en realidad que todo el día es como escribir un epitafio para las sonrisas. Pero la noche es el velorio y el funeral, la despedida final, el rasguño más cruel. Se extingue el último color del arcoiris y pasa a prevalecer la oscuridad. Y ahí, en el medio de lo que parece una nada, hecho una pelota de preguntas sin respuestas (o sin respuestas agradables), me veo, trémulo, pidiendole auxilio a una mano de huesos... sin joker, sin luz, sin colores.

jueves, marzo 24, 2005

2 de copas.

Hoy que quiero brindar
necesito dónde chocar mi copa
para escuchar el tintineo
de dos felices bordes.

Pero no chocarla así,
en cualquier lado que se preste
en cualquier vaso o jarra
o incluso en cualquier fina copa.

Necesito que sea la tuya
porque me presta ese sonido
tan claro y eficaz
a la hora de brindar,
de pedir un sabio deseo
de futuro sin nubes,
o de nubes sin lluvia,
o de lluvia sin frío,
o de arco iris intenso.

Pero no veo tu copa,
solo un bosquejo de mano
que a veces me acaricia
y otras me distancia
no quizás por lo directo
sino más por la omisión
por esa no-iniciativa
que me condena al terror
al inseguro temblor,
y actualmente me asola.

martes, marzo 22, 2005

Las piezas.

Voy agarrando pedacitos de sueños que encuentro acá y allá, y así te empiezo a moldear, a esculpir tus colores en mi mente.
Sos de hierbafinocolchón que luego nos cobija en su amabilidad. Sos también de puntitos de luz en la mirada tornasol. Tenés pelo de juego atrapante, de tierno divertimento infantil, de hipnosis al tacto, a los dedos inquietos y melosos. Tus cachetes son como ese algodón de azucar que a uno le dan ganas de ir corriendo y apretar y morder despacito, con tanta dulzura como el material del que están hechos...
Todo todo todo barnizado, particularizado, divinizado por la original locura que aflora de algún rincón. Y con toques de otros pincelazos que dan los marcos, los cielos, las palabras entrecruzadas y precisamente paralelas pero perpendiculares, que rompen con todo tipo de regla de la matemática y avalan todo tipo de regla de la fantasía.
Esa última razón es, quizás, lo imperativo de tanta creación, de tanto arte sin arte. El comodín para que esto aparezca como un rompecabezas completamente raro pero sencillamente posible.
El dragón y la locura.

Un amor de primera vista
con sus ojos de piedra mágica
y su boca que me da de beber
los vapores del mejor delirio.

Me lleva en su lomo
hacia alturas inexplicables
tan poco coherentes
como la misma situación.

Y se hace amigo del círculo
uno por uno lo vamos tratando
besamos sus escamas
con ternura de fábula infantil.

Ahora todos vamos arriba
subiendo desencajados
entre escondidas estrellas
que sirven de trampolín.

miércoles, marzo 16, 2005

Voy vagando errante y veo este prado bélico
trato de huirle, y te busco, amor.
Me das una flor que se hace agua, y mis dedos
tratan de retener desesperadamente
ese espectro de tu especie.

Ahora sos del suelo, que te bebe
y crece una orquídea de ensueños
para embelesar a ojos imprudentes
(ojos como los míos,
curiosos e insaciables
de color y de vida).

Mi riel sigue llevándose un cuerpo
que se erosiona por la brisa y la quietud
y un alma absorbe esa juventud,
de cara a la luna
y a un delicioso salpicón de estrellas.

lunes, marzo 14, 2005

Vení... pero con tus ganas, no por este pedido.
Quiero mostrarte, en este atril que es mi cuerpo,
un pequeño reloj sin tiempo, un pendulo a sangre
que quiere abrirse como una flor
para dedicarte toda su colorida esencia,
esa festiva naturaleza que amanece con el sol
y a la luz de la luna se acurruca
contra los rincones que tienen tu olor
y me pide tu arrullo para un dulce sueño.
Hay un hueco en la realidad
como una sombra incrustada
en el medio de la luz,
en el centro del sol.
Hoy tu rostro se enciende
y me cuenta ciertos secretos
que trato de ordenar y unir
para confeccionar esta historia
que es como una bufanda
todavía por tejer.

sábado, marzo 12, 2005

No estoy acá... realmente
es que volví ahí
en ese inmediato temblor
donde acompaña la luz.

Negra la cerveza que me mira
tornasolada como unos ojos
que silenciosos me envuelven
en las raíces del sol.

Dicen que hay estrellas
yo digo que existís
no sé para dónde se corre
pero hay un atajo
que me lleva a esos brazos
o capaz no es real
sólo lo imagino
a través de una mente
algo atravesada.

Pero sé que te he visto
y que me contagié
de una ternura singular.

jueves, marzo 10, 2005

No estás y puedo verte, como un televisor.
Tu alarma me desvela, y entonces salgo
disparado como un flechazo
hacia la capital de la locura
para tratar de salvar tu vida y mi culpa.

Sos algo raro, como un niño sin inocencia
con temores demasiado adultos
y tu resplandor me confirma la ecuación.
El peligro es que la soledad, tarde o temprano
mutila a la frágil cordura
de una mente intransitable.

Así será entonces, entrando con cautela
hasta que su hacha me encuentre
y caiga ensordecido
por los alaridos de la muerte.

Vos tendrás tu escape, con un aliado
que se parece a mi pensar
no por lo verde ni por lo magnífico
sino por lo laberíntico.

Yo tendré mi paz y mi descanso
y una delicia como certeza
de que sólo estoy muerto
para quien me vea en el piso
tiñéndome de rojo.
Ven, deja resplandecer tu rostro
y dime qué tanto peligro puede haber
en este hipotético idilio de frambuesas
en esta soledad demente y fría.

Atame de pies y manos para no dañarte
y que mis ojos acaricien tu pelo
que la madera de la silla me haga arbol
y mis ramas te sirvan de soporte
para una hermosa hamaca juvenil.

Quiero que tácitamente me enseñes
los caminos para ese pequeño jardín
donde jugamos los dos sin peligros externos
sin inseguridad de planes y mundos
ni seres humanos con su implícito mal.

martes, marzo 08, 2005

Si no es que estoy viendo mal, mi cielo va nublándose con un tono violáceo.
Pequeñísimos demonios salen de sus recovecos para hacer travesuras en la tormenta, que es inminente. Yo corro a la deriva en este campo de inseguridades, sin humo de leches, con una locura que no es mía ¿hay fruta? ¿Es fruta lo que veo? No lo puedo descifrar. No sé si es fruta, o perros que quieren devorarla, o un bosque muerto, o nada. Nada y mi imaginación... ¡qué dupla!
Pero es que...¿viste? Hay lluvia acá, arcoiris allá, y por algún lado en el medio, vos. Mis dedos buscan con la birome tantear la neurona que me tire por ahí.
Yo vuelo (sin alas, y sin volar) donde las vacas harían su festín. Hay que ver... ¿y el tiempo? No sé. La hipótesis de la media docena murió cuando algunos enanitos coparon el reloj. Au revoir, la paix.
Vamos que vamos, los turcos en la neblina.
¿Alguna vez se preguntaron por qué cada colectivo tiene el número que tiene?
La cosa es que entre tanta fanfarria universal salió una vieja ruta hacia el destierro. Y, por supuesto, la seguimos (aparte hacía juego con nuetra pista primera). Bien por los detectives.
Ciertos desvaríos, y cambio de por medio, el destino del destino había llegado a su puerto. Y ahí, claro, se congeló la historia del mundo, y el conejo dejó de correr (con su reloj colgando entre los dedos) para mirar apaciblemente como un par de locos mordían la misma porción de aire, compartiéndola con delicadeza. Pero la hipnosis cedió, el segundero concluyó su siesta y un catamarán del cemento vino a deglutirse el ensueño.
¿Final? ¿Feliz?

lunes, marzo 07, 2005

Deja al sol escalar...

Me siento grillo
que esta pequeña noche
canta para que vuelvas como el sol
y alumbres los rincones oscuros de mi miedo
demostrándome que nada malo hay
que el daño es sólo la sombra de un brasero.
Semillas con miedo.

Vil miedo que cambia
como la piel de un reptil
y se adapta a la novedad
para colarse por mis ojos
e instalarse en el living.

Él toma mis hilos
y decide morderlos
con una furia harto rara
que no lo deja largar.

Entonces soy un borrego
a la deriva y en su carroza
por un peligroso declive
que quizás suba en vez de bajar.
Como un jardín y un deleite.

Estoy y estás, y hay algo.
Tu sueño me tienta, me amansa;
mi vergüenza es elástica y cede.

Somos dos delfines
haciendo pie con nuestras panzas
en una alfombra verde.

Compartimos la complicidad
de buscar ciertos abrazos
que tantas veces fueron tácitos
o, por lo menos, etéreos.
Pequeñísimo hombrecito...
la franela como punto de quiebra
para el suicidio de tu caparazón.

Es tan dura la intemperie
porque esta tibia garúa amedrenta
ese espíritu de caminante sin camino,
ese que trepa el árbol sin sogas.

Tu cielo está tan extraño...
¿dónde fue la luna?
Hay tantas estrellas, y un solo camino.
Me he sorprendido a mí mismo entre las lágrimas de un pasado a merced del dolor. El juego de las culpas se fue a un costado para que mi sensibilidad y yo tuviéramos una cnversación tete a tete en la que cobré la parte más húmeda. Es el dolor y la desesperación en el reflejo de un cálido ser que me despertó aquel lado menos sano pero más mío.
Colmado de angustia por el tétrico pasado inmediato que resulta un eterno futuro de miedos. Ha mordido sin querer la manzana del gran trauma, y ahora llora mienrtas digiere su pecado ¿lo odio? Creo que no... claro que no. ¿Lo amo? Quizás... pero tampoco ¿Lo entiendo? Por supuesto. ¿Lo culpo? Tanto como a mí.
Pero claro, para ellos es un blanco perfecto. Bah, para algunos. Otros (y no sé quién es peor) lo defienden con uñas y dientes de su inapelable culpa.
En esa misma ambigüedad se mueve mi corazón para con él. No sé si lástima, bronca o comprensión, pero que me conmueve, me conmueve.

lunes, febrero 28, 2005

Una piel dura como las cuevas pétreas protege a esa helada humanidad de la divina amenaza que representa la magia.
Con sus ojos obsoletos-pero-programables se dan el lujo de diagramar la realidad de acuerdo con sus cánones, y prohiben el ingreso a cualquier forma de vida o pensamiento que no se encuentre en la lista de honor.
Van atravesando una tormenta furiosa, pero no se mojan en lo más mínimo y, por el contrario, más allá de ignorar a las gotas, tratan de asesinarlas con suspicacias viles y certeras, letales como el gélido atlántico sin una balsa.
El techo del mundo.

Uno que va subiendo y se pierde en su terraza, pidiendo bajar a gritos pero sin una respuesta complaciente. El entorno es externo, y juega ese papel de extra que toca sutilmente la experiencia de uno mismo.
Hay como un cortocircuito entre la conciencia y los actos, y se sabe. No se obtiene la respuesta esperada, y eso se transcribe en una especie de desesperación pacífica que copa la situación de a momentos. Es todo demasiado cómplice de este vértigo como para tratar de escapar así nomás.
Mientras tanto, el reflejo se amortigua en una espuma suave y amarga, para que una de tantas aspiraciones termine con la mínima cordura que aguantaba en los terrenos de la mente. Es una elevación fugaz e incontrolable. No hay ningún tipo de voluntad, que ya se fue por las suyas a caminar las calles vacías.

martes, febrero 22, 2005

Un guijarro y su calor.

Caminando por el tejado de la demencia me voy encontrando con sombras de muchos pasados, que complican los pasos, y los hacen falsear, temer al apoyar, como un cuento de esos en que el suspenso se gana el protagonismo así porque sí.
Y una vez que paso ese campo minado de terrores, me encuentro con la pelea final: un duro murallón donde saltar es continuar, y considerar es detenerse eternamente ante él, contando sus ladrillos, analizándolos, expectante ante cualquier autodeterminación del futuro para derrumbarlo, pero sin éxito aparente, como suele suceder en ocasiones tales.
Melancolador.

No pasa por extrañarte, porque no sé cómo puede llegar a ser eso como una realidad pura y sencilla. Pero hay algo que te busca, que quisiera encontrarte, y vos estás ahí, bajando la barrera a esto, algo de lo que supe ser culpable y ahora parece haber terminado en un virus tan contagioso que me mata de rebote.
No me sale salir.

Salgo sin salir, en el mismo periplo de humanidad-no-humanidad que recorro generalmente, pero con una fantasía diferente, una mezcla de elementos que crean ambientes múltiples en la misma vista, y desquician la pobre franja de cordura que queda como límite antes de la locura fatídica y excéntrica, casi casi insuperable.

jueves, febrero 17, 2005

¿Qué pasa? Pasa que en medio de este agotador y cansino desierto veo, como un flash, una especie de bosque tropical saturado de humedades, con lianas que cuelgan de inmensos árboles que se juntan en grupos numerosísimos para formar comunidades de verde paradisíaco. Y ésto, como si fuese una vía, nos lleva directo a otros misterios maravillosos, a una variedad colosal de animales, que van desde pequeños roedores hasta las más esplendorosas y coloridas aves, desplegando un vuelo majestuoso por sobre las espesas copas en reunión. Pero quizás lo más impactante es el caudaloso río que parece cruzar de lado a lado esa mini selva: se trata de un imponente brazo de agua (clara como una retina) que hace de tutor perfecto para descifrar con su recorrido un sendero de magia única y autóctona.
Esto, si bien hermoso, me resulta, por lo menos, sospechoso. No sólo por el desierto que rodea Lo Frondoso, sino más bien por su repentina aparición, que parece hacerle trampa a una vista bastante privilegiada si se quiere. Esa duda me turba y suscita en mi cabeza una imagen que muestra el esplendoroso oasis protegido por un impenetrable velo de utopía que se encarga de poner en jaque a un dulce anhelo, y entonces la palabra "Espejismo" toma forma en mi cabeza, pero lo hace de un modo pesado y lento, como si mi mente estuviese rumiando la idea y no quisiera terminar de tragarla nunca. Y es obvio: renunciar tan fácil a una maravilla así es un delito sin ningún tipo de fianza posible, y por el cual muchos terminan con pena de muerte a la ilusión.
Preguntas para abrirle una herida al horror y salir por ella de su seno.

¿Qué se hace cuando el miedo
se ha sentado en el trono del corazón
y con su corona paraliza al mundo?

¿Para dónde hay que correr
cuando uno se siente inválido
por el peso de las sombras
sobre las propias piernas?

¿Cuántas cosas se pueden desear
de una pequeña hoja que aun no sabemos
si piensa caer este otoño?

¿Hay alguna pócima
que haga florecer amores
abiertos de par en par
sobre los yermos campos del pavor?
Expresiones de deseo
en canciones compartidas
que no sé qué objeto tienen
y mi confusión se hincha
y mi infantilismo aflora
y todo lo indefenso que existe
empieza a parecerse
a mi alma en carne viva.

Tengo ganas y miedo
yo quisiera cuidarte
pero son hilos invisibles
hechos de finas sombras
los que me inhiben palabras
preguntas, verdades, dulces gritos
y me terminan enjaulando
en una mediocridad peligrosa.

El pavor y la nofobia
son pareja de esposas
que atan manos y sinceridad
por no poder soportar la idea
de otro trágico fracaso.

martes, febrero 15, 2005

Necesito escribir, y mi cabeza no sale de canciones, así que voy a poner una que está demasiado relacionada con los embrollos que tengo en el tejado.
Hay magia de Piazzolla y del Polaco, y también tiene magia de otros campos.
Esta es una versión copiada del tema por mí, así que cualquier falta se puede denunciar.
Y también quizá alguna acotación.

Balada para un loco.

Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué-sé-yo, ¿viste? Salís de tu casa por Arenales, lo de siempre en la calle y en vos, cuando, de repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo: mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte en el viaje a Venus; medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies y una banderita de taxi libre levantada en cada mano. Te reís, pero sólo vos me ves, porque los maniquíes me guiñan, los semáforos me dan tres luces celestes, y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares. Vení, que así, medio bailando y medio volando, me saco el melón para saludarte, te regalo una banderita y te digo...

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
¿No ves que va la Luna rodando por Callao?
Que un corso de astronautas y niños, con un vals
me baila alrededor. Bailá, vení. Volá.

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao...
yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión.
Y a vos te vi tan triste... vení. Volá. Sentí
el loco berretín que tengo para vos.

Loco. Loco. Loco,
cuando anochezca en tu porteña soledad
por la ribera de tus sábanas vendré
con un poema y un trombón
a desvelarte el corazón.

Loco, loco, loco. Loco
como un acróbata demente saltaré
sobre el abismo de tu escote hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad,
ya vas a ver...

Salgamos a volar, querida mía. Subite a mi ilusión super-sport, y vamos a correr por las cornisas con una golondrina en el motor. De Vieytes nos aplauden: "¡Viva!¡Viva los locos que inventaron el amor". Y un ángel, y un soldado y una niña nos dan un valsecito bailador. Nos sale a saludar la gente linda, y...loco... pero... pero tuyo... qué sé yo... provoco campanarios con la risa y al fin te miro y canto, a media voz...

Quereme así, piantao, piantao, piantao.
Trepate a esta ternura de locos que hay en mí.
Ponete esta peluca de alondras y volá.
Volá conmigo ya. Vení, volá, vení.

Quereme así, piantao, piantao, piantao.
Abrite a los amores que vamos a intentar
la mágica locura total de revivir.
Vení. Volá. Vení.

¡VIVA! ¡VIVA, VIVA, LOCOS! ¡LOCOS! Locos... todos locos, ¡viva, locos!
Loca ella. Y loco yo.

Gracias por tanta fantasía, Astor. Gracias por tanta conmoción, Polaco. Gracias por tanta inspiración.

lunes, febrero 14, 2005

Con los ojos en ascuas, colgado de una ventana al eden de la paz. Suenan Los Piojos, y tus labios de seda son la luz (¿de mi condena?). Me saluda un jardín prestado, y entendo cuánto de maravilloso tiene ésto, de todo lo que me evoca: hay recuerdos que trato de pilotear, y me franelean el espíritu.
El lugar tiene claroscuros. Da la calma más pedida, pero es casi como una sobredosis en los momentos que me surge el lado activo. Aparte la va de suplente de otro lugar en donde sí quiero estar, donde me espera una pequeña vida que dejé en stand-by, y que no quisiera encontrar borrada cuando llegue (los cortes de luz son cosas que pasan).
Me hundo en mi propio brazo, en la cama y en la situación. Me deshago de mi mismo y vuelvo a ver con mis ojos pero sin estar dentro, como si sólo fuera un binocular para observar el mundo que tan lejos mío está, y poder vivir levemente otra forma que no me resulta posible, y me huele a letal. Y yo también soy, en parte, ese de vos que oficia de inspiración cuando la vida falla, como el resto de las cosas que van al piso. Conformás un espacio de mi locura, tenés cierto número de acciones en sus actividades y reacciones aisladas y tan perdidas como encontradas.
Copioso llanto de ángeles decora y da forma a un pandemonium de vuelos. Entre nubes estás vos, con aire de canción y de sueño sin cumplir, esa pequeña cuenta pendiente con mi reserva de caramelos.

miércoles, febrero 09, 2005

Redoble y despedida para el croupier de los sueños triviales y tangibles. Dueño de una muy justa simpatía, se retira con cierta algarabía culposa, para dar lugar a ua sucesora sosa. Entonces había aun cierto saldo positivo, que fue menguando con el correr de los instantes. Y amenazaba una estrepitosa pérdida. PEro el azar hizo click y con algún suspiro demoledor comenzó a reconstruirse la torre, para finalmente, casi por mitosis, lograr sumar otra al imperio. Momento de retirarse del paño. Momento. Por el momento.
Emerjo hacia un mar de oro y resulta mi nuevo habitat, con cortinas musicales a cargo de algunos pajaritos madrugadores que gustan de endulzar oidos como los mios (muy agradecido a ellos). Mientras el mundo gira y yo, de costado, voy viendo pasar multitudes, actividades, ideologías en caja, soledades de 4 estrofas y mucho amor al estilo TV. Qué sé yo... no resulta muy interesante este paquete, así que sigo escuchando y viendo ofertas, mientras tanto me quedo con ésta, que por lo menos incluye alas en algunas de sus "realidades".
...PERDIDOS EN LA VIDA
VIVIENDO SIN NUNCA APRENDER
A PESAR DE NUESTRA PIEL
A PESAR DEL AMOR...

Las pelotas
Tirar abajo la piel, como un hechizo de exorcismo, para desnudar purezas definitivas que dejan bien claro lo que hay y lo que podría haber, y hasta lo que jamás habrá.
Desgarrarse uno mismo cuesta, pero el seco y suave dolor que produce el sentir los retazos siendo arrancados por finas manos tramposas es un flagelo tan tibio que, aun sabiendo del daño, se disfruta por mil.
Magia para dos corazones locos.

Hay ciertos momentos que no por grandilocuentes resultan eternos, o al menos memorables. Y hay otros que de una pequeñez hermosa hacen surgir un cuadro que queda grabado en el corazón como una quemadura terriblemente ardiente y profunda. Hay, entonces, momentos como éste.
Todo nace, se detona (por decirlo de algún modo) por un apego compartido a cierto arte, a cierta fábula devenida en canción sublime. Pero la gestación tiene un período tantísimo mayor y un sui generis casi arcano entre las ramas del ombú que crece en medio del pecho.
Pero lo mas sensacional del acontecimiento es que ni siquiera fue la canción en sí lo que nos hizo brillar, sino su gratísimo recuerdo, y nuestra mutua inclusión en ese mundo e ilusión supersport. Ahí, justo ahí donde me trepo a la ternura de loco, ahí la balada se hace (se hizo) magia. Magia para un loco y una loca. Quizás juntos. Al menos sí en ese momento, donde fui testigo y objetivo alcanzado de un ataque de dulzura y vulnerabilidad infalible, cosa que pasa cuando el universo queda chico para dos entes desbordantes de luz.

lunes, febrero 07, 2005

Un telón blanco que se cierne sobre el horizonte cercano para generar algo asi como un escenario privado, con los arboles como límite, despreciando la ciudad que hay más allá, dejándola de lado.
Y ahora el telón se precipita en una lluvia hermosa, que va revolviendo el mar y el alma, como si tuvieran algún vínculo supraterrenal y férreo. Flota la melancolía, como el telgopor del interior, ganándole al resto la carrera hacia la superficie. Y es que lo imposible de no-extrañarte tiene cada vez más peso.
Fabula que dora y vuelve a dorar la alfombra mágica sobre la cual se mueve, y a quien besa y escapa raudamente, con indecisión crítica. Va dueña de una cadencia hipnótica, y todo el peso de tidas las ciudades que antes postraban mi alma y mis hombros, ahora levita sobre mí, como todo alrededor. Soy dueño y protagonista de un recuerdo eterno a futuro.
Son como la dupla de una serie de superheroes económica. Y tienen la supercualidad de distorcionar mi realidad completamente, aparte de ser invisibles. Se contraponen demasiado, y eso es como una supernova con timer.
Uno pone piel de roble ante el asedio. Otro ablanda hasta los huesos, pero los dos se disputan cada situación para lograr milagros que compiten en su fraude.

No tengo mayores ni nuevos argumentos para desear tus manos, o, al menos, tus dedos. No soy seguridad confortable ni promesa de algo menos malo, ni consuelo real. No sé siquiera si puedo ofrecerte un corazón. Pero sí me queda en stock un infinito caudal de abrazos, ganas de cuidar de alguien más que yo, de protegerte entre un manto de brazos.
Atormentando almas, nuestras almas, sin ninguna gana, con mayor torpeza, como mi bruto cuerpo que respira rusticidad. Tengo un viscoso corazón que se convulsiona ante las furiosas agitaciones de tu parte, y su estado es terminal. Tiene la piel ajada de los raspones miles, y el tiempo y vos presionándolo sólo consiguen replegarlo más y más. Teme y se va, amedrentado, a refugiarse en su rincón singular, trémulo de pavor, pero con cierta estima intacta. Y ahí se duerme, sueña, arma, proyecta y resurge, hasta que el factor inhibición vuelve a morder sus tobillos endebles. Entonces, como un nuevo principio, todo parece acabarse.
No quiero todo el poder en mis manos, en mi voz, en mi sien. Sólo deseo una combinación sincronizada, sí, una complicidad espontánea que nos encuentre encontrándonos.

sábado, enero 29, 2005

Tratemos de entendernos: gente, ustedes, en su mundo. Yo no quiero joderlos. Mi presencia y mi persona son míos. No me juzguen. Yo no ataco. Yo no muerdo. Yo no invado. Yo no ladro. Yo no asfixio. Por favor, juguemos con las mismas reglas. No soporto la injusticia, no soporto su injusticia, su tuerta ley. No aguanto a las mayorías. Quizás, es cierto, tenga que ver con que soy una minoría. Una ínfima, individual, única y mía. Pero esta específica minoría gustaría de ir por el mundo sin tener que chocar con cada mayoría en todas las esquinas de su amplísimo infinito.
Hagan un lugar, dejenme entrar en ese pequeño ghetto donde los gigantes no pasan por la puerta, donde la enorme mentira no puede ingresar ni un miserable dedo. Por favor, necesito ese pequeñísimo lugar a salvo del juicio universal. No soporto tanta falacia real, tanta verdad de bajo presupuesto, a corto plazo, con tristes pasatiempos de inventos para seguir el circo. No quiero domadores. No quiero ser un león en la ciudad.

jueves, enero 27, 2005

Nostalgitis.

Suena una mermelada de perlas, y en esa densa dulzura se moviliza una marea de pequeños deseos acrónicos, como de un futuro anterior. Claro que esto viene de antes, y de más atrás también. Porque la nostalgia es fundamental. Es, incluso, ominpresente. Y en ese estado saturado de magia, a veces se rebalzan las macetas y sobreviene un diluvio y embalses en los párpados. Hasta puede haber una hemorragia ocular, ese estallido tecnicolor de las alas. Una agudísima enfermedad propia de los ilusos más ilusos.
Confesión.

Dos miradas perdidas en la enorme distancia que se amaina cyberneticamente como una lluvia y una toalla. Pequeños guiños, como gestos del momento que siempre fue, todo tan estiradamente cómplice. Hay un tiempo que se agota y juega como joker de un lado, para que la épica confesión se camufle y salga ilesa, como si en el orgasmo se hubiera vuelto invisible, o hasta etérea. Pero hasta el tiempo tiene un precio, y un buen protagonista debe estar dispuesto a gatillar cuando se dispone semejante desenlace. Así que un anexo de minutos fue suficiente para destruir el velo y que la confesión vea la luz... bah, las dos luces. Así, entonces, surge una perplejidad un tanto suave, ya que de cierto inconsciente modo nuestro muchacho infería alguna afinidad.
Pero el golpe fue muy directo, sin amortiguación, y eso es shock asegurado. Tanto shock que ya un buen tiempo y la respuesta de los órganos se hace esperar. Hay como olor a miedo y a gato al mismo tiempo, se forma una conjunción tan peligrosa e incierta que ya solo se teme al mismo temor, como cajas dentro de cajas con, qizás, alguna (buena) sorpresa.
El cemento y el mar no se llevan para nada bien. No, no y no. La ciudad me coarta el infinito, y yo soy el mar. Y la luna es mi gurú. Ella y su mano me movilizan hacia ese futuro promiscuo.
Vigilia y Averno.

Hay una extraña presencia en el ámbito. El sueño no llega y la impaciencia desnuda el aire turbio, que comparte su temor conmigo, el único sobreviviente a la noche-amanecer que se come, uno por uno, a mis pares. Caigo en la confusión y, como sin contraste, me encuentro ya con sueños para nada placenteros, ni siquiera lógicos. Vomito sangre y ahí va el tesón, ni siquiera la rabia me queda. Y la función decae y se rehace en reiteradas acciones, y el miedo se va amalgamando a la desesperanza, como un cuento-mito con la sociedad de turno.
Pero despertar, volver y comprender. Aunque esta vez con más precaución.
Vigilia y Averno.

Hay una extraña presencia en el ámbito. El sueño no llega y la impaciencia desnuda el aire turbio, que comparte su temor conmigo, el único sobreviviente a la noche-amanecer que se come, uno por uno, a mis pares. Caigo en la confusión y, como sin contraste, me encuentro ya con sueños para nada placenteros, ni siquiera lógicos. Vomito sangre y ahí va el tesón, ni siquiera la rabia me queda. Y la función decae y se rehace en reiteradas acciones, y el miedo se va amalgamando a la desesperanza, como un cuento-mito con la sociedad de turno.
Pero despertar, volver y comprender. Aunque esta vez con más precaución.

viernes, enero 07, 2005

Si la magia hace combustión, todo un estallido voraz se apodera de instantes infinitos, y así yo juego en la boca del león, ondulando entre espíritus de capa leve y espada invisible, que me ganan la mente como una guerra tierna.
Delirio-trampa.

Anoto en el agendo y salgo jugando por los costados, pelota al piso y tranquilo.
La historia nace de un pequeño cuento que traía a colación un juego peligroso. Tiempo después, ese juego me envuelve y resulta imposible de eludir, aunque sea imposible por propia voluntad.
Ahora soy el osezno inocente sobre la boca metálica con el estómago vacío, y aguardo la caída o el salto heroico y victorioso.

jueves, enero 06, 2005

Un rumiante fatigado se hace presente entre la muerte fabulosa que vino a poner un poco de desvarío a la locura habitual (o cómo decirlo... a enquilombar más las cosas), y en su lomo llega, reinando nada, una majestad lunática.
De su bolsa pequeña pero intrigante saca un pequeño gran dibujo, y como con magia me refresca un poco la noche sofocante. Sí, como con magia. Como una reina mágica, o maga.
El frutillo del postre, un abrazo. Virtual o no, pero bonito al fin.


¿Serán las nubes
almas de humo
que un gran incendio
consumió vivas?

Ay de quien ose
llorar de menos
o hablar de más
porque tragedia
significa congoja
de por lo menos tres días.

Sin noches y risas
sin días de sol
Sin la adrenalina
como una supernova
estallando en el pecho.

Ese luto absurdo
de gesta divina, o casi
es la hipocresía más cruda.

No hay falta al respeto
mayor que la ética
y su primogénita máscara.
El amanecer como paraíso, en mi jardín de edén personal, mi parcela de cielo.
Desenmascara un día tan pesado como abstracto en este preludio mañanero, herencia de una suave noche veraniega.
Yo, frente portal absorbente, llamando a mis héroes, esos paladines del silencio, invocando una ayuda ante los desvaríos de la consciencia en llamas, y con una brujita de alma sencilla y mente estrafalaria del otro lado.
Se me cuelga todo el panorama.
"Laberinto del sueño, donde se pierden los demonios de la memoria..."

lunes, enero 03, 2005

Va colgado de la luna, arriba de la verde alfombra mágica que ondula los bordes al sonido del viento como un papel libre. Lleva un tucancito entre los dedos que es travieso y se escapa habilmente, saliendo suave y delicado hasta el suelo espeso. La búsqueda, terrible y áspera, no se lleva bien con la falta de luz de esa indecisión entre noche y mañana, entre sol y luna, que juega con los sentidos confundidos de nuestro vampiro drugstore.
Vale la pena verlo tantear el alfombrado como un ciego en el microcentro, buscando entre flashes la exoneración de culpas pacíficas.
Entre tanto, los duendes hacen su trabajo, cual hormigas, y van retirando del envase las pequeñas dotaciones de éxtasis para llevarlas a un lugar más seguro. Dejan el sedoso envoltorio, muy agradecidos del inesperado regalo, y atrapan sueños por el camino de tierra que lleva a su florido reino.
Volvemos al caso: el sol se puso los pantalones y copó la parada nuevamente, aunque con un poco de resistencia aun, pero suficientemente brillante como para que la vista del colmilludo investigue en sanas condiciones. Así las cosas, la nueva fase de la búsqueda resulta un éxito inmediato y, un tanto sorprendido, nuestro amigo descubre la falta del cielo. Lo piensa dos minutos, un ruido entre las plantas, y ya: ellos lo merecen. Entonces acerca el resto al planto, y todos hechos.
Más duendes felices es más futuro lunático asegurado. Aparte, esto deviene en una hermosa amistad, yo sé lo que les digo...
Rompo y congelo, golpeo
la puerta del infinito desconocido
mejor que el malo por conocer
o de golpe una estrofa
y todo quiebra, como el tiempo
un caos furibundo que atrapa
almas en su ojo más sabio.

De pronto el atardecer
como la puerta a la paz.
Y estalla en mil pedazos
cualquier inconveniente.

miércoles, diciembre 29, 2004

Ojos que ven lo que los demás no ven, corazones que sienten diferente.

lunes, diciembre 27, 2004

No se puede escapar si todo es una gran celda infinita como cajas dentro de cajas dentro de cajas dentro de cajas dentro de...
¿Por qué seguir abriendo cajas buscando una caja última? Será, maldición, que la esperanza es una especie de condena disfrazada y simpática.
¿Algún día va a escampar?

viernes, diciembre 24, 2004

Mentimos festejando, pero qué mentira tan dichosa, creanme.
Y si hay que salir a alegrarse por el mero hecho de que tenemos sentimientos encontrados en personas allegadas, lo vamos a hacer. Como una especie de conjuro sanador para el enfermizo mundo que nos rodea y nos expulsa para el espacio libre de sensaciones, con esa frialdad propia de un batallón de hielo. Vamos a derretir esa indiferencia con un poco de alcohol y fuego, y muchísima pasión de amistad, de música y de locura.
Que haya fervor en todas las esquinas, porque los festejos son pequeños ghettos donde se puede parir un poco de sinceridad y sonrisas sin necesidad de atarse al enorme ejército crudo.
La fecha no importa, tampoco el motivo. Sólo celebrar.

jueves, diciembre 23, 2004

¿Qué harías si leyeras esto
morena mariposita que
vuela en mi primavera
conmigo queriendo
hacerla nuestra tácitamente.
Acostado en tu lecho
sobre el pesar pacífico
de vuestra absolución racional.

Es que me fomenta
la locura que fermenta
en añejos rincones del misterio.

Su beso me lleva a Dios
como la nube detonante
que el cielo nos ofreció
dejándola en la tierra
cual semilla del paraíso.

Mi mano en tercera persona
derrama letras, supliendo
a la consciencia misma.

martes, diciembre 21, 2004

Medianera blanca, asaltada por un sol naciendo. Eso sí es amor.
Parece la obra maestra de los colores.
Rosa, verde, rojo, blanco, celeste, todo fundido en la misma imagen-shock.
Y de fondo tengo una banda amiga que me aguanta el corazón.

lunes, diciembre 20, 2004

Momento de no saber qué hacer.
Momento de pensar sin pensar, y escribir por escribir.
Vengo de una odisea de solidaridad, ternura, llanto, carcajadas, éxtasis, lluvia y demás. Hubo mucha dulzura contenida. Hay, de hecho. Y el estornudo puerco.
La luna, infaltable, allá, diáfana e hinchadita, como esa pancita hermosa que tantos caramelos mentales me saca. Y pensar que mi nombre va ahí a veces...
Ahora el pálido celeste, casi bostezando, emerge del cielo para dar la ronda matutina avisando que viene el día, así como preparando al resto del mundo para un amanecer más.
Despierten, corazones, que el rey Amor no los quiere ver dormir más.