La memoria es un ejercicio diario, un ritual sentimental que rescata de las sombras lo que el tiempo va tapando.
La memoria es un fuego que arde en tanto lo alimentamos (es darle a la muerte vida nuevamente: transformar lo inanimado en luz, calor y belleza).
La memoria no se usa como un disfraz obsoleto que sólo cobra vigencia en contadas efemérides: es el amuleto cotidiano que nos protege del espanto agazapado en el mañana.
La memoria no es un monumento para visitar empuñando el llanto, sino el pulso que le da vida al pasado para que no lo devore la tristeza del olvido; es el estoicismo del soldado que batalla a la intemperie contra el enemigo, la desventaja y la soledad.
La memoria no es clavar cadáveres de flores en tiestos marmóreos: se parece más a plantar recuerdos para que florezcan ideas en magines yermos.
La memoria no es un libro quieto y completo, sino una carpeta de tapas abiertas que va por el tiempo siempre dispuesta a tintas distintas.
La memoria es el muchacho trémulo apostado en un escalón, sosteniendo su libertad con ojos de fiera, lleno de miedo y de pasión, enterado de la intemperie legal y aún así exponiendo sus alas en la noche, a sabiendas de que cada baldosa resignada es un paso atrás en la batalla contra la amnesia y su anestesia.
La memoria es recordarle al presente de dónde viene para que elija con motivos hacia dónde quiere ir.
miércoles, marzo 26, 2014
miércoles, marzo 19, 2014
Logis & co.
Entre tanto fetichismo tecnológico se va esfumando el tejido espiritual.
Constituidos por lo convencional, desesperados por ser lógicos, los individuales del rebaño corren como un conejo famélico tras la zanahoria digital que llene la panza de su autoestimaterial.
Pantalla tras pantalla se oxidan los sentidos, se vuelven binarios: los latidos son sólo una cadencia que oscila entre ceros y unos. Nos quieren bits, para borrarnos de un clic.
Y son tantos los que persiguen ese progreso desechable, que da miedo. Porque encima empiezan a ser un ejército totalitario, obnubilado, capaz de avasallar con su fruición cualquier escollo que se entrometa entre ellos y el próximo modelo: aunque hubiera que sacrificar al planeta, preferirían vagar en la nada universal con tal de poder postearlo a través de ese -realmente- último modelo.
Y yo soy un irracional, infantil, que se permite ponerse triste porque otra vez los árboles sufren el abandono de las hojas en el momento que más las necesitan, porque otra vez el sol se esconde atrás de esas insistentes e intransigentes nubes... ¡qué gil!
Constituidos por lo convencional, desesperados por ser lógicos, los individuales del rebaño corren como un conejo famélico tras la zanahoria digital que llene la panza de su autoestimaterial.
Pantalla tras pantalla se oxidan los sentidos, se vuelven binarios: los latidos son sólo una cadencia que oscila entre ceros y unos. Nos quieren bits, para borrarnos de un clic.
Y son tantos los que persiguen ese progreso desechable, que da miedo. Porque encima empiezan a ser un ejército totalitario, obnubilado, capaz de avasallar con su fruición cualquier escollo que se entrometa entre ellos y el próximo modelo: aunque hubiera que sacrificar al planeta, preferirían vagar en la nada universal con tal de poder postearlo a través de ese -realmente- último modelo.
Y yo soy un irracional, infantil, que se permite ponerse triste porque otra vez los árboles sufren el abandono de las hojas en el momento que más las necesitan, porque otra vez el sol se esconde atrás de esas insistentes e intransigentes nubes... ¡qué gil!
sábado, marzo 15, 2014
Extravío de voluntad.
Ya soy esclavo de los versos.
Rendido y extasiado ante el papel,
me dejo beber por cada letra,
sorbo tras sorbo, espeso.
A veces ásperos tragos de arena,
otras grato licor de terciopelo
llenando los espacios abandonados
de esta ruina-imaginación.
¡Sedes insaciables!
No sé si soy ansiedad o abrevadero.
Borracho por la tinta,
fluyendo como un río
teñido de ambrosías,
revuelto en sus ficciones.
Trazo a trazo, retraso
la urgencia de la muerte,
su sombra inevitable
que roza mis orillas.
Rendido y extasiado ante el papel,
me dejo beber por cada letra,
sorbo tras sorbo, espeso.
A veces ásperos tragos de arena,
otras grato licor de terciopelo
llenando los espacios abandonados
de esta ruina-imaginación.
¡Sedes insaciables!
No sé si soy ansiedad o abrevadero.
Borracho por la tinta,
fluyendo como un río
teñido de ambrosías,
revuelto en sus ficciones.
Trazo a trazo, retraso
la urgencia de la muerte,
su sombra inevitable
que roza mis orillas.
miércoles, marzo 12, 2014
Rendición estival.
Son oscuras las ramas de este bosque:
a pesar del día y sus vanos intentos,
la luz se deshace antes de llegar,
como sueño frágil al rozar un ruido.
Las copas tienen poco de perennes:
un duende las devora entre penumbras
que salen de la boca y se desbocan
y ocupan los espacios ya vacíos.
El silencio se ha rendido a la utopía
y apenas si araña una leve calma.
Caen fusiladas las mariposas,
las grises hojas, las musas secas,
dejando un sacrílego crujido,
susurro de próximas ausencias.
El sol febril se va en su ocaso,
enfila hacia el agónico horizonte.
Se oyen ya las voces del martirio,
presagios del exilio inevitable.
a pesar del día y sus vanos intentos,
la luz se deshace antes de llegar,
como sueño frágil al rozar un ruido.
Las copas tienen poco de perennes:
un duende las devora entre penumbras
que salen de la boca y se desbocan
y ocupan los espacios ya vacíos.
El silencio se ha rendido a la utopía
y apenas si araña una leve calma.
Caen fusiladas las mariposas,
las grises hojas, las musas secas,
dejando un sacrílego crujido,
susurro de próximas ausencias.
El sol febril se va en su ocaso,
enfila hacia el agónico horizonte.
Se oyen ya las voces del martirio,
presagios del exilio inevitable.
miércoles, marzo 05, 2014
Tras cartón.
Él se pone con el sol,
y declina su cordura
detrás de la lontananza
con ferviente convicción,
se engalana el corazón
y juega, mueve, despega.
Cree en su resurrección
(recurrente, iterativa)
por eso no entiende el miedo
que se le tiene a la muerte
(digo: a la propia muerte,
no a las ausencias ajenas).
El viento de su euforia
atiza cualquier fuego
que mengüe intensidad
en el nocturno ardor,
que brillos atenúe
de cara a las estrellas.
La búsqueda del numen
a veces lo enceguece:
no importa si amanece,
su Luna sigue allí.
Todo es cuestión de fe
si sabemos sentir.
y declina su cordura
detrás de la lontananza
con ferviente convicción,
se engalana el corazón
y juega, mueve, despega.
Cree en su resurrección
(recurrente, iterativa)
por eso no entiende el miedo
que se le tiene a la muerte
(digo: a la propia muerte,
no a las ausencias ajenas).
El viento de su euforia
atiza cualquier fuego
que mengüe intensidad
en el nocturno ardor,
que brillos atenúe
de cara a las estrellas.
La búsqueda del numen
a veces lo enceguece:
no importa si amanece,
su Luna sigue allí.
Todo es cuestión de fe
si sabemos sentir.
sábado, marzo 01, 2014
Vista encallada.
Químico equilibrio
en que navegamos.
Intensos intentos
por la eternidad.
Alas y ataduras,
vuelos sin valijas.
Grieta apasionada
crece sin cesar.
Muerte compañera,
red del trapecista.
La balanza oscila:
justo pendular.
Locos esplendores
de noche sin final.
A través del fuego
ánimas verás.
Hundido el silencio
flotarán mil voces.
Ecos de la nada
¡no vuelvan jamás!
en que navegamos.
Intensos intentos
por la eternidad.
Alas y ataduras,
vuelos sin valijas.
Grieta apasionada
crece sin cesar.
Muerte compañera,
red del trapecista.
La balanza oscila:
justo pendular.
Locos esplendores
de noche sin final.
A través del fuego
ánimas verás.
Hundido el silencio
flotarán mil voces.
Ecos de la nada
¡no vuelvan jamás!
lunes, febrero 24, 2014
Vuelo sin orillas
Abandoné las sombras,
las espesas paredes,
los ruidos familiares,
la amistad de los libros,
el tabaco, las plumas,
los secos cielorrasos;
para salir volando,
desesperadamente.
Abajo: en la penumbra,
las amargas cornisas,
las calles desoladas,
los faroles sonámbulos,
las muertas chimeneas
los rumores cansados,
desesperadamente.
Ya todo era silencio,
simuladas catástrofes,
grandes charcos de sombra,
aguaceros, relámpagos,
vagabundos islotes
de inestable riberas;
pero seguí volando,
desesperadamente.
Un resplandor desnudo,
una luz calcinante
se interpuso en mi ruta,
me fascinó de muerte,
pero logré evadirme
de su letal influjo,
para seguir volando,
desesperadamente.
Todavía el destino
de mundos fenecidos,
desorientó mi vuelo
-de sideral constancia-
con sus vanas parábolas
y sus aureolas falsas;
pero seguí volando,
desesperadamente.
Me oprimía lo flúido,
la limpidez maciza,
el vacío escarchado,
la inaudible distancia,
la oquedad insonora,
el reposo asfixiante;
pero seguía volando,
desesperadamente.
Ya no existía nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
-ni unas manos celestes-
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero seguía volando,
desesperadamente.
Oliverio Girondo.
martes, febrero 18, 2014
Incoloro.
Se funden las palabras
detrás de las miradas,
chorrean por los dedos
como tintas espesas,
incendian los renglones
con su pasión en llamas.
Montados en un verso
revuelan los dragones
de sueños del pasado
sobre nuevos albores,
hoy algo más opacos
ansiando sensaciones.
Antiguos melodramas
ardiendo en las escamas,
clavando sus espinas
en medio de la cama,
decorando las ruinas
de esta marchita grama.
Descoloridas musas
destiñen al poeta,
van volviendo difusas
las flores de sus letras.
Invacíon.
Me devoro a tragos tus besos,
los bebo con lujuria,
los muerdo, empantanado
en el borde del infierno
en la esfera del parnaso
en el límite mundano
de la muerte y sus atajos.
Abrevo de tu nada
que se me ofrece toda
en fuentes diminutas
o esquinas apremiantes.
Ignoro los designios,
descreo de los sabios.
Escucho a mis latidos
-con su lenguaje extraño-
vibrando la receta
para salir volando.
Respiro los sonidos
que cantan en la noche:
son parte de mi sangre,
circuito intransigente.
los bebo con lujuria,
los muerdo, empantanado
en el borde del infierno
en la esfera del parnaso
en el límite mundano
de la muerte y sus atajos.
Abrevo de tu nada
que se me ofrece toda
en fuentes diminutas
o esquinas apremiantes.
Ignoro los designios,
descreo de los sabios.
Escucho a mis latidos
-con su lenguaje extraño-
vibrando la receta
para salir volando.
Respiro los sonidos
que cantan en la noche:
son parte de mi sangre,
circuito intransigente.
miércoles, febrero 12, 2014
A la sangre lo que es de la sangre.
Día a día nos enfrían el alma con muertes y engranajes, con la cotidiana maldad manando de mil estratégicos rincones, desde los riñones del titiritero.
Hora tras hora el asedio digital gana batallas, centímetros, neuronas, latidos, ilusiones.
Minuto a minuto la ultraviolencia ultravioleta se come nuestros horizontes sin pausa pero sin prisa, hasta escupir la osamenta pelada del espíritu colectivo, para que el tiempo termine pulverizando los insensibles restos.
Segundo a segundo el enclaustro va invadiendo la emoción, que se atrinchera y entonces ya es derrota contrarreloj.
Y yo lucho segundo a segundo por salir de mis propias prisiones, aunque tenga que voltear los muros a cabezazos.
Y minuto a minuto me aferro al espinoso rosal que es el amor para no dejarme llevar por la voracidad de las pantallas.
Y hora tras hora resisto tecno-embates resguardando mi emoción bajo el aura de la Luna.
Y día a día vuelvo entibiar mi corazón con la sangre que derraman los piolines que corto en cada amanecer.
lunes, febrero 10, 2014
Irreal.
Delirios de Prometeo
cayendo sobre el presente,
despiadada eternidad
perseverante, siniestra.
La sangre rebalsa el río
que rueda por la montaña
y envenena los océanos
con una toxina extraña.
La noche va a la deriva
sobre un bote de cartón
a besar la espuma-orilla
del vidrio en el corazón:
un espejo sin reflejo,
ni fondo, ni inspiración.
¡Delicioso maleficio!
¡Vorágine sideral!
Se cosechan las proezas
en este rastro de sal:
estrellas recolectadas
por fuera del espiral.
Antídotos sin receta,
veneno de lo normal.
cayendo sobre el presente,
despiadada eternidad
royéndome el ala diestra
su abyecta voracidadperseverante, siniestra.
La sangre rebalsa el río
que rueda por la montaña
y envenena los océanos
con una toxina extraña.
La noche va a la deriva
sobre un bote de cartón
a besar la espuma-orilla
del vidrio en el corazón:
un espejo sin reflejo,
ni fondo, ni inspiración.
¡Delicioso maleficio!
¡Vorágine sideral!
Se cosechan las proezas
en este rastro de sal:
estrellas recolectadas
por fuera del espiral.
Antídotos sin receta,
veneno de lo normal.
viernes, febrero 07, 2014
Antibiosis.
Hundiéndonos:
vos, en mi sangre;
yo, en tus palabras
blancas, radiantes.
Buscándonos:
vos, en mi mente;
yo, en tus penumbras
negras, distantes.
Hiriéndonos:
vos, mis mañanas;
yo, tus infamias
sepias, amantes.
Ardiéndonos:
vos, en mi hoguera;
yo, en tus silencios
rojos, errantes.
Perdiéndonos:
vos, en mi historia;
yo, en tu demencia
gris, atrapante.
Vertiéndonos:
vos, en mi oxígeno;
yo, en tu epitafio
añil, delirante.
Burlándonos:
vos, de mis ganas;
yo, de tu naufragio
marfil, farsante.
Royéndonos:
vos, estos pigmentos;
yo, aquellos dolores
incoloros, de antes.
lunes, enero 13, 2014
Mareas y hemofilias.
Tantas tragedias borrando recuerdos,
ruinas resignadas en rincones anegados
por excéntricos brebajes iridiscentes,
jugos de la noche, lágrimas de Nix.
Improvisados recipientes del dolor,
derrochándose bajo la tormenta,
volcándose en el vendaval,
derritiéndose entre estío y agonía.
Los párpados se hacen presas
para contener a los ríos salados
y a sus viejas aguas del recuerdo
-capaces de percudirlo todo.
Lo veo y es un monstruo amable,
repeliendo sus fantasmas con fiereza,
tirándose al mar en una botella,
sin cuidado por ninguna tempestad.
"Cuando la muerte me encuentre
que sea mecido en el mar"-
se repite ante el velamen
que va izando sin dudar.
ruinas resignadas en rincones anegados
por excéntricos brebajes iridiscentes,
jugos de la noche, lágrimas de Nix.
Improvisados recipientes del dolor,
derrochándose bajo la tormenta,
volcándose en el vendaval,
derritiéndose entre estío y agonía.
Los párpados se hacen presas
para contener a los ríos salados
y a sus viejas aguas del recuerdo
-capaces de percudirlo todo.
Lo veo y es un monstruo amable,
repeliendo sus fantasmas con fiereza,
tirándose al mar en una botella,
sin cuidado por ninguna tempestad.
"Cuando la muerte me encuentre
que sea mecido en el mar"-
se repite ante el velamen
que va izando sin dudar.
jueves, enero 09, 2014
Cenizas del naufragio.
Recurrente sueño raro:
vos con tus secuelas
de albores y urgencias
sin verdades, con secuencias.
Otro nudo raudo,
y la elegancia precisa
entre las plumas heridas
surge, de punta en blanco,
para un nuevo vuelo manco
que tiene gusto a barranco.
Si te veo y es de día
rejunto ganas vacías.
Si el acecho es en la noche
no puedo con el derroche.
Cuando izamos la mañana
soy ruina en la resolana.
Convivimos con la ausencia,
lo asimilamos: descalzos
pisoteando los cristales
de castillos del pasado,
hasta hacerlos polvo,
hasta desangrarnos.
vos con tus secuelas
de albores y urgencias
sin verdades, con secuencias.
Otro nudo raudo,
y la elegancia precisa
entre las plumas heridas
surge, de punta en blanco,
para un nuevo vuelo manco
que tiene gusto a barranco.
Si te veo y es de día
rejunto ganas vacías.
Si el acecho es en la noche
no puedo con el derroche.
Cuando izamos la mañana
soy ruina en la resolana.
Convivimos con la ausencia,
lo asimilamos: descalzos
pisoteando los cristales
de castillos del pasado,
hasta hacerlos polvo,
hasta desangrarnos.
lunes, diciembre 30, 2013
Lo que queda.
El dolor de permanecer.
la injusta inmortalidad,
tan mal dispuesta,
tan inoportuna.
Estíos cenicientos,
oleaje del recuerdo
cuando vuelve a la orilla
pero le falta ella,
toda ausencia,
toda estrellas.
Y queda lo inalcanzable:
una distancia-tristeza,
el calendario al acecho,
la memoria con espinas,
el reparto de las culpas
(tan inútil al que siente),
religiosas flores frescas,
mil batallas y oraciones,
himnos en los corazones,
hipocresía en la mesa.
Que nunca alcance el olvido
para tapar sus presencias.
Aunque nos pese el pasado,
aunque duela tanto el duelo.
la injusta inmortalidad,
tan mal dispuesta,
tan inoportuna.
Estíos cenicientos,
oleaje del recuerdo
cuando vuelve a la orilla
pero le falta ella,
toda ausencia,
toda estrellas.
Y queda lo inalcanzable:
una distancia-tristeza,
el calendario al acecho,
la memoria con espinas,
el reparto de las culpas
(tan inútil al que siente),
religiosas flores frescas,
mil batallas y oraciones,
himnos en los corazones,
hipocresía en la mesa.
Que nunca alcance el olvido
para tapar sus presencias.
Aunque nos pese el pasado,
aunque duela tanto el duelo.
domingo, diciembre 29, 2013
Amarnecer.
La noche me sabe a siempre,
al suspiro sin final,
a respuesta por llegar.
Las aves se alborotan,
renacen a sus horas.
Miseria a flor de piel,
queriendo sin querer:
intensidad y permanecer
no suelen llevarse bien.
Ilusiones equívocas
en futuros unívocos.
Cicatriza el porvenir
mientras se desangra ayer.
La resaca vuelve al mar,
a la luna vuelvo yo,
que a pesar de lo torcido
mantengo el sentir sincero.
al suspiro sin final,
a respuesta por llegar.
Las aves se alborotan,
renacen a sus horas.
Miseria a flor de piel,
queriendo sin querer:
intensidad y permanecer
no suelen llevarse bien.
Ilusiones equívocas
en futuros unívocos.
Cicatriza el porvenir
mientras se desangra ayer.
La resaca vuelve al mar,
a la luna vuelvo yo,
que a pesar de lo torcido
mantengo el sentir sincero.
jueves, diciembre 26, 2013
Va ido.
Colapso de urgencias,
de infinitudes truncas,
de festejos inanimados,
de consignas homicidas,
de ardientes asfaltos,
de vientos ausentes.
Colapsa la psiquis
ante tantas palabras,
se desangra en tinta
que no escribe nada,
y gotea, espesa,
sobre agua estancada.
Colapsa el exceso
con su libre acceso
a esta ruina eterna
donde crecen flores
y lloran los soles,
aunque uno no entienda
(aun lejos de las nubes
anida la tormenta).
Colapsa el insomnio:
caen los desvelos
-cual viejas columnas
roídas por el tiempo-
en sordos estruendos,
gritos del derrumbe.
Colapsa el costado,
febril, arrodillado,
aferrado a lo negado,
terco y desamparado.
de infinitudes truncas,
de festejos inanimados,
de consignas homicidas,
de ardientes asfaltos,
de vientos ausentes.
Colapsa la psiquis
ante tantas palabras,
se desangra en tinta
que no escribe nada,
y gotea, espesa,
sobre agua estancada.
Colapsa el exceso
con su libre acceso
a esta ruina eterna
donde crecen flores
y lloran los soles,
aunque uno no entienda
(aun lejos de las nubes
anida la tormenta).
Colapsa el insomnio:
caen los desvelos
-cual viejas columnas
roídas por el tiempo-
en sordos estruendos,
gritos del derrumbe.
Colapsa el costado,
febril, arrodillado,
aferrado a lo negado,
terco y desamparado.
jueves, diciembre 19, 2013
Postal del mirador.
Mi balcón es un portal
hacia otra dimensión
donde camina el zorzal
sin cantar una canción.
La Luna sonríe igual
al mar en mi corazón
y lo sana con su sal
nacida de la pasión.
Mi balcón es un portal
al rito de la estación,
que sabe a fruto estival
mezclado con emoción.
Convida el viento cordial
perfume de floración
y así olvidamos el mal,
las penas y la razón.
Mi balcón es un portal
al sol en su gestación:
nacimiento horizontal
de un Dios que no tiene clon.
Su paisaje casi irreal
se cuela en la habitación,
atraviesa el ventanal
como si fuera un arpón.
Mi balcón es un portal
hacia la mejor ficción.
Lejos de lo digital,
cerca de la sensación.
Panorama demencial,
trampolín a la expresión.
Tuerce lo convencional.
Inspira imaginación.
miércoles, diciembre 18, 2013
Febril pre estival.
El sol es un ígneo disparo
en las sienes ciudadanas.
Los edificios sardónicos
sonríen ante el espanto
que se derrite en sus fauces
(presagio estival infausto).
Los ánimos hirviendo,
el sueño arrebatado:
tan tentador por fuera
como sangrante hacia el centro.
Testigos del infierno
transpiran sus verdades
(también sus falsedades
febriles, deformadas).
Un suspiro tras la estela
que deja al pasar Eolo.
Se embellecen los aires
con pétalos de movimiento.
Oasis seco en el desierto
concreto, ardiente.
Gotas de naturaleza
sobre un fantasma insolado.
en las sienes ciudadanas.
Los edificios sardónicos
sonríen ante el espanto
que se derrite en sus fauces
(presagio estival infausto).
Los ánimos hirviendo,
el sueño arrebatado:
tan tentador por fuera
como sangrante hacia el centro.
Testigos del infierno
transpiran sus verdades
(también sus falsedades
febriles, deformadas).
Un suspiro tras la estela
que deja al pasar Eolo.
Se embellecen los aires
con pétalos de movimiento.
Oasis seco en el desierto
concreto, ardiente.
Gotas de naturaleza
sobre un fantasma insolado.
miércoles, diciembre 11, 2013
Cuestionamienten.
Episodios de amor
en un canto unívoco.
Son multitudes
sangrando recuerdos,
llorando memoria,
riendo libertad.
Y la muerte arrastra
con sus garras negras
a los despistados
hasta un patio oscuro,
para que el umbrófago
devorarlos pueda.
Cada calavera
sabe adónde va:
los infiernos verdes,
la ultratumba hueca,
el parnaso enfermo,
juicios sempiternos,
un jardín colgante
o el Estigia en llamas.
La ideología
es ser genuinos.
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