jueves, octubre 30, 2008

D10S (que los cumplas feliz).

En una villa nació
fue deseo de Dios
crecer y sobrevivir
a la humilde expresión,
enfrentar la adversidad
con afán de ganarse
a cada paso la vida.

En un potrero forjó
una zurda inmortal
con experiencia
sedienta ambición de llegar
de cebollita
soñaba jugar un mundial
y consagrarse en primera.
Tal vez jugando pudiera
a su familia ayudar...

A poco que debutó
(Maradó, Maradó)
La Doce fue quien coreó
"Maradó, Maradó"
Su sueño tenía una estrella
llena de gol y gambetas
y todo el pueblo cantó
"Maradó, Maradó"
nació la mano de Dios
(Maradó, Maradó)
sembró alegría en el pueblo
llenó de gloria este suelo.

Carga una cruz en los hombros
por ser el mejor
por no venderse jamás
al poder enfrentó.
Curiosa debilidad
si Jesús tropezó
¿por qué él no habría de hacerlo?

La fama le presentó
a una blanca mujer
de misterioso sabor
y prohibido placer
que lo hizo adicto al deseo
de usarla otra vez
involucrando su vida,
y es un partido que un día
el Diego está por ganar...

¡Olé olé olé olé
Diego, Diego!

TE QUIERO DIEGO.

Nosellos.

Un par de cueros imantados por el bombardeo de sus latidos. Apasionada reacción animal: el intenso sentir desplaza lo conciente, y entre tanto se incendian momentos que nadie admira.
Son hoguera para entibiar la frivolidad que les propone un mundo de otros.
Y cuando no arden desde su instinto, por otros costados atizan piras en pos de ahuyentar a las bestias renovables de este presente tan hostil para con los enamorados.
Es que su batalla es sobrevivir de a dos en un lugar echo a pedir del individualismo.

miércoles, octubre 22, 2008

Soy de donde somos.

Caminando, me pregunto: ¿de dónde soy?
Si es un barrio, soy de Parque Chacabuco, pero...
¿y Pompeya? ¿y Boedo? ¿Caballito?
¿Flores? ¿Villa Crespo? ¿Almagro? ¿el Abasto?
Todos los rincones guardan piezas.
Y entonces también soy de ella,
porque insisto en el amor de sus esquinas a diario,
y hoy que no está, mientras la extraño dulcemente,
flayeo corazones verdes
en el empedrado de alguno de esos lugares,
barrios de donde soy.

lunes, octubre 20, 2008

Museo vivo de un amor.

Naufrago voluntariamente en esta isla verde, y todo es una invitación a tu recuerdo.
Los niños perdidos en su fantasía, dibujando mundos a su antojo en cualquier rincón, desparramando ternura como una veta colorida en el aire, como ese arcoiris que dejás al pasar.
La naturaleza, que resiste en estas pinceladas de oasis urbano, recibe al sol de par en par, y este se acomoda en todos los rincones, despilfarrando belleza y vida.
El verde casi constante, insignia de sueños primitivos, libre.
Los lugares exactos de días y noches amantes. Pedazos de un recuerdo que hoy atesoro porque quiero en mi futuro recordarlo como un antecedente de lo que construimos día a día.
La primavera en flor, rebalsando los sentidos, recordándome aquel día que un milagro se hizo labios encontrados.
El cielo, ese espejo de nuestro idilio, enchastrado de matices que se vuelcan en mi espíritu.
La vida... esa que quiero regar contigo.

jueves, octubre 09, 2008

Distancia inminente.

A la próxima distancia le pido con buena fe
que nos ayude a extrañarnos dulcemente,
y se haga más bien de chicle o elástico,
pero no inalámbrica, por favor.

El tiempo es siniestro ante la necesidad
pero espero encontrar su ternura.

Mientras tanto, como flores,
los pensamientos adornarán tu recuerdo
para que, cuando regreses
encuentres cálidos mis costados.

Y nuevamente remontar la vida
con sus colores contagiados
al viento de tu primavera.

domingo, octubre 05, 2008

Desazón.

Es todo un campo de resignación.
La derrota surge moral y no técnica ni física:
hay errores que nos ponen cuesta arriba.

Luego sólo quedan consecuencias:
el bajón lleva a la inseguridad, y la inseguridad a nuevos errores
ya insalvables por lo hundida que se encuentra esta confianza.

Todo el ímpetu que uno quería contagiar
termina desparramado en el piso, casi rendido
ante el exacto oportunismo del rival
y la propia sensación de que hoy no nos sale una.

jueves, octubre 02, 2008

Comprender.

Hoy entiendo que ya no me lleno sin tu sonrisa,
Que ya no hay sosiego sin tu mano.
Que el esplendor de los vuelos
Es cruzar la eternidad con vos.
Entiendo los colores porque los veo chorrearse
De los pétalos que te conforman.
Respirar mucho más que oxígeno de tu boca
Y latir como una banda de sonido
Al ritmo que pide la situación.
Entiendo el dolor de las sombras
Porque cuando te caen encima
Le quiebran todos los huesos a mi espíritu.
Entiendo la necesidad, me la enseñó una distancia.