Hablamos de saciar la sed animal
en donde lo idílico sencillamente inverna
y surge del centro todo instinto.
Hablamos de algo distinto
y nos perdemos en las sombras
del trovador de la parca,
y terminamos matando
para que no muera solo.
No soportamos no tener
la última de las palabras
en una conversación
con dios.
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